martes, 20 de octubre de 2009

VEREDAS RIOPLATENSES A TANGO Y TAMBOR

Escribe Walter Ernesto Celina

La UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) acaba de celebrar en Abu Dhabi (Emiratos Árabes) una reunión del comité intergubernamental que entiende en la calificación del denominado Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.
El tango, a instancia de las municipalidades de Buenos Aires y Montevideo, así como el candombe, por iniciativa de la uruguaya, fueron incorporados a los listados que caracterizan a estas expresiones musicales como bienes bajo protección.
El amplísimo ciclo de evolución del primero, la formidable riqueza que encierra como música orquestada, acompañada por una danza original, vivaz y sensual y un canto de inigualable expresividad, sintetizados con armonía y belleza, ameritan la distinción.
Crecido el tango desde el suburbio y los inquilinatos, con la marca de los sinsabores de la vida, a menudo prostibularia, y las nostalgias de la inmigración, que buscaba mejor destino en estas tierras, supo amalgamar dulzuras y dolores íntimos, familiares, sociales, alegrías y remembranzas, en un juego de dramatizaciones irrepetibles y sin parangón en el mundo.
Caminó por veredas polvorientas. Del desprecio transitó a la aceptación, convirtiéndose en su apoteosis en música de todos.
En otra escala, la negritud fue reservorio doliente de las naciones martirizadas por el culto de los esclavistas. Tras los muros del viejo Montevideo, los africanos y sus descendientes cantaron y danzaron por sus desgarros, en un ceremonial que comenzó a abrirse al público en las festividades carnavaleras.
El ritual negro, con sus figuras típicas, muestra una danza sostenida y voluptuosa, asistida por el ritmo de las lonjas (chico, piano y repique). Color, sonido, movimiento, conmocionan y contagian una especie de fuerza telúrica, propicia a una exaltación arrebatadora del ánimo.
Desde Montevideo estos sones ganaron ciudades del interior del país, a las que se suman manifestaciones grupales en Buenos Aires.
Por las veredas rioplatenses, tango y candombe muestran con orgullo identidades propias, singulares.
La investigadora, poetisa, letrista de tangos argentina y, muy apreciada amiga, Sra. Martina Iñiguez, me remitió la letra de tango que le pertenece: Un mismo corazón
Su difusión es propicia a la celebración de un acontecimiento relevante, que hermana a nuestros pueblos y a los defensores de nuestros acervos culturales:

UN MISMO CORAZÓN
Tango
1ª parte
Señores, soy el tango, nostálgico y malevo,
un sentimiento reo me copa el corazón.
Con savia de suburbio y aprontes orilleros
mis cortes fileteo del Plata hasta el Japón.
Yo soy de dos ciudades, las dos de tango en pecho.
Una es Montevideo, bahía y malecón,
y anclado en la otra orilla, si quiero darme aires,
estiro en Buenos Aires mi piel de bandoneón

2ª parte
Señores, soy el tango,burdel, convento y fango...
Florece mi poesía misterios en la voz.
La Cruz del Sur me guía y el río, como un lazo,
hermana dos pedazos de un mismo corazón.

1ª parte bis
Circulan mis arterias Maroñas y Palermo,
Pocitos y La Boca “Pigall” y el “Bataclán”.
Pintín, Piazzola, Troilo, Canaro, Filiberto,
son parte de un concierto sin tiempo, sin edad.
Tembló “Mi noche triste” junto a “La Cumparsita”,
la fama me dio cita y yo acudí puntual
cuando un “Zorzal” canyengue aceleró latidos
y dio jaque al olvido poniéndose a cantar.
A la 2ª parte y fin
.
Canta Silvana Grégori acompañada por el trío de Quique Greco

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Música de Argio Pallares (uruguayo)

Año 1950, la orquesta de Hugo Pelossi actuando en el Centro Democrático con sus integrantes Hugo Pelossi (piano), Francisco Dubini (acordeón piano), Yamandú Varela (saxo), Ángel Domínguez (bandoneón), Blas Jelpo (contrabajo) y Argio Pallares (batería).

Tomada de la página: http://ecosregionales.com.uy/?edicion=1168&noticia=3886

Martina Iñiguez y Silvana Grégori

waltercelina1@hotmail.com

12.10.2009

jueves, 15 de octubre de 2009

UN TESORO DE BANDONEONES Y LONJAS

Escribe Walter Ernesto Celina

Fue en los suburbios, maduradores de la pobreza, y en los conventillos urbanos de la inmigración, en que el dolor latía como para desequilibrar la esperanza, que nacieron unos pequeños racimos sonoros. Con el valor de un instinto de sobrevivencia, suavizaban la vida dura de entonces. Eran, apenas, pasajes fugacísimos: una danza, unas estrofas cantadas o un ritmo.
Con el leve perfume de las madreselvas, se fueron agarrando al alma de sus protagonistas. Y como todas las creaciones que vienen de la raíz popular, estallaron en sus inicios con la modestia de los festejos grupales.
El tango y el candombe recortaron sus perfiles, tras sus respectivos tránsitos históricos de aceptación y apoteosis social.
Y, lo que a nivel rioplatense tratándose del tango, y especialmente montevideano, en relación al candombe, pudieron ser considerados bienes culturales constitutivos de una identidad regional, reservarían derecho a adquirir dimensiones de trascendencia.
Tras desarrollarse y crecer, las dos formas traspusieron los puertos que las amparaban. Cruzaron fronteras propias y ajenas. Plasmaron artes de valoración superlativa.
La UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) enroló a ambas expresiones musicales en los listados del Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.
En 1972 la entidad había definido el concepto de patrimonio cultural, el que fue adoptado en la Convención de la materia, en 1975.
Siguió la elaboración acuñada por el antiguo derecho romano. Patrimonium es lo que se hereda de padres a hijos. La noción fue trasladada a monumentos y paisajes naturales, poseedores de valores universales excepcionales, alcanzando los enfoques histórico, artístico y científico.
Desde 1990 la UNESCO trabajó la idea de salvaguardia del patrimonio no tangible, oral o inmaterial. Una nueva Convención, en 2003, alcanzó un enunciado preciso y conformó medidas protectivas.
El patrimonio inmaterial abarca “las prácticas, representaciones, expresiones, conocimientos y habilidades, así como los instrumentos, objetos y artefactos, los espacios culturales asociados con los mismos, que las comunidades, los grupos y, en algunos casos los individuos, reconocen como parte de su legado cultural.”
A partir de las peticiones formuladas por las municipalidades de Buenos Aires y Montevideo, el tango entró en la lista de bienes no tangibles protegidos, lo mismo que el candombe, cuya matriz uruguaya no excluye algún matiz porteño. Como contrapartida, la declaración supone la preservación de los atributos de los bienes salvaguardados por parte de las autoridades nacionales competentes.
El espaldarazo que el comité intergubernamental, reunido en Abu Dhabi (Emiratos Árabes), acaba de dar al tango y al candombe pone en el podio de los homenajes perdurables a los cantantes, músicos, coreógrafos, bailarines, compositores, po
etas y custodios de estos tesoros vivos de nuestra cultura.

Esplende el cofre musical. Fluyen los sones añejos de los tambores de la negritud y corporizan las telas de Pedro Figari. De los rescoldos del tiempo, llegan las coplas criollas que cantaron a la independencia y al gauchaje bravío. Y las que en ramillete se armaron, desembocando un día, en los versos que Villoldo estampó sobre una música de Saborido, para inaugurar con La morocha el más asombroso derrotero.
Carlos Gardel condensa, consolida y deja las puertas abiertas para un inabarcable futuro. Cual malvón de orilla, un “lo que vendrá” -avizorado por los De Caro, Troilo, Pugliese y Piazzolla- está en floración.
Suenan las lonjas. Se estremecen las guitarras y los bandoneones.
12.10.2009

lunes, 8 de junio de 2009

RACCIATTI, MÚSICO POPULAR URUGUAYO

Escribe Walter Ernesto Celina
No es habitual que en los centros deliberativos departamentales, ni en los nacionales, los representantes de la ciudadanía asuman temas relativos a la música popular.
La excepción, tal vez, se de en la Junta Departamental de Montevideo. En este órgano el edil Dari Mendiondo periódicamente toma la cuestión, exaltando los valores que caracterizan al tango, una creación de auténtico cuño rioplatense.
En la sesión del 28 de mayo último rindió, simultáneamente, dos homenajes y saludó a figuras entrañables.
Recordó el noveno aniversario del alejamiento de Donato Racciatti y el día de los obreros de la industria frigorífica. A este respecto, destacó la presencia en las barras de Roberto Bianco, canillita de la Villa del Cerro, poeta y cronista, quien vivió en el cuadro de históricas luchas proletarias.
Evocando la contribución de Racciatti a la difusión del tango, señaló que el maestro había nacido en Guilmi, provincia itálica de Chieti, en Los Abruzos. Llegó al país a los cinco meses, con su padre Mauro, su madre Rita y hermanos.
Tras citar a familiares y amigos, algunos vinculados a la Junta Departamental, memorizó la imagen de un gran cantor que acompañara, primero, al maragato Francisco Canaro y, finalmente, a Donato Racciatti: Carlitos Roldán.
Por los años de la década del 50 este artista asistía al café La Cumparsita, ubicado en Tristán Narvaja y Paysandú, que era atendido por Don Lorenzo. Los trabajadores de Radio Mayo -entre los que se encontraba Mendiondo- hacían su descanso intermedio allí. Y Carlos Roldán, con su canto y anécdotas, en cada jornada, enseñaba con cordialidad algo de su arte y sus vivencias.
Citando un relato de Roberto Bianco, el legislador municipal revela que el director orquestal uruguayo, siendo niño y regresando de la Escuela Pública Bélgica, se detiene en la puerta de un bar para escuchar, desde una radio, una voz impactante: la de Mercedes Simone, La Dama del Tango!
En estas referencias apretadas no puede dejar de mencionarse algo que influyó grandemente en la vida de Donato Racciatti. Se trata del momento en que su padre le obsequia un bandoneón Doble A. El joven avanzará en sus estudios de solfeo, armonía, instrumentación y, a la par, en el oficio de herrero, en la Universidad del Trabajo.
Integra orquestas uruguayas y argentinas y forma su propia agrupación. Sobrevendrán éxitos. Giras por Uruguay, Argentina, Brasil y viajes al Japón. Se escalonan en este tiempo voces perdurables, como las de Nina Miranda, Olga del Grossi y la del mercedario Félix Romero.
Manifiesta Dari Mendiondo, al concluir su disertación:
“...El bandoneón es un órgano chiquito. El órgano es el instrumento, por excelencia, con el cual las grandes iglesias en Europa convocaban a los feligreses, a los fieles, quienes a través de la música encontrarían el camino celestial, lo místico, lo espiritual, lo que permitía a la gente contemplarse a sí misma, buscando paz y felicidad. En Alemania tenían el problema que sus procesiones hacia vírgenes, santos, idolatrados, no tenían música que las acompañara. Hubo que inventar un instrumento portátil que cumpliese las mismas funciones del órgano. Tal, el origen del bandoneón.
Difícil es sacarle sonidos y melodías.
Eso lo logró, desde niño, don Donato Racciatti.”

viernes, 3 de abril de 2009

DESPUÉS DE CARRIEGO

UN PERIODISTA EN EL PALERMO ACTUAL
Escribe Walter Ernesto Celina

LO QUE LOS CAMBIOS NO BORRAN


Cuando la bruma costera envolvió la voz de Evaristo Carriego, alejando sus pasos de su Palermo Viejo, Jorge Luis Borges recuerda, en la Fundación mítica de Buenos Aires, lo que seguirá en la memoria:


Prendieron unos ranchos trémulos en la costa,
durmieron extrañados. Dicen que en el Riachuelo,
pero son embelecos fraguados en La Boca.
Fue una manzana entera pero en mitad del campo,
expuesta a las auroras y lluvias y sudestadas.
La manzana pareja que persiste en mi barrio:
Guatemala, Serrano, Paraguay, Gurruchaga.


MIRADA DE UN EUROPEO


Juan Cruz Ruiz, periodista y escritor, vinculado a El País de Madrid, está inmerso en la corriente denominada del nuevo periodismo, que plantea exigencias de veracidad y comprobación en los informes al lector, combinadas con el manejo de pulcritud en el lenguaje utilizado y la utilización de la nueva tecnología.
Se maravilla de la capacidad de los argentinos “que siempre se juntan y se encuentran”. Ve al Palermo de hoy como un sitio especial, en el que se asocian escritores, artistas e intelectuales, al amparo de cafés y talleres creativos.
Rememora su encuentro con Edgardo Cozarinsky (escritor, cineasta, dramaturgo, director y actor teatral, nacido en Argentina en 1939) y Juan Martini (novelista rosarino, exiliado en España, nacido en 1944), recordándolo así: “...Estaban allí, por Palermo, como si se hubiera parado el tiempo, es decir, como si estuvieran en Buenos Aires en un atardecer de principios de otoño, cuando la ciudad ofrece una quietud que uno puede rememorar tan solo yendo a una biblioteca o a una librería a buscar, por ejemplo, este libro de Julio Cortázar, “Los Premios”, en el que el escritor de “La continuidad de los parques” inauguró su larga y fructífera obsesión viajera.” Y anota: "Los Premios” es, para muchos lectores, que no son ni de Buenos Aires, ni de Argentina, ni de Palermo, la novela de Buenos Aires, que tiene ese comienzo magistral, “la marquesa salió a las 5, pensó Carlos López”. Añade después: “Y luego es una excursión, la que le lleva del Lado de Allá al Lado de Acá; a las obsesiones del Cortázar que terminaría escribiendo “Los autonautas de la cosmopista”, y traslada en un barco toda la fantasía de la que fue capaz, ese gran porteño que volvió en diciembre de 1983 a despedirse de la ciudad que le puso a escribir.”


Cruz habla casi como escribe, tocando la metáfora. Y, como tantos uruguayos, alaba los espacios con libros, los nuevos cafés y la tersa arquitectura actual del barrio rioplatense. Lo demás, no lo pudo soñar Carriego. Clases acomodadas desalojaron a los descendientes de inmigrantes. Desaparecieron “las chatas entrando al corralón”...


REFLEXIONES DESDE LA EXPERIENCIA


También opina.
Sobre el periodismo tradicional recuerda que “lo divertía”, sin perjuicio de considerarlo “un desastre”. Más, existen los “desastres de ahora”...
Recomienda: “Debemos ser más autocríticos”, preguntarnos “por qué la gente no nos lee tanto”.
Sobre cómo trabajaba antes, dice: “...En una época sólo tomaba notas; luego recogía lo que recordaba. Hasta que tuve un problema...”
Se acuerda del marco de su mejor entrevista. Fue con el escritor portugués Saramago: “Estábamos solos, con el ordenador (computadora) en el medio. Como contestaba, transcribía. Y así fue publicado.”
A la pregunta de si está conectado todo el tiempo, se confiesa: “¡Qué tema! Sí... y lo lamento". Después establece: “Tocamos ahora las cosas de modo diferente. No creo que sea lo mejor.”
Sostiene que la dictadura franquista dejó en la educación “una marca terrible”.
Interrogado sobre si España se debe todavía una revisión más profunda, contesta sin ambages: “Creo que sí. El movimiento de la derecha para decir que ya está todo contado, es una falacia.”
Hay un Palermo que se yergue en el tiempo, el que proclama su fidelidad a la cultura.


(Fuentes: Propia y reportaje de Fernando García. “El País Cultural”/1008)


sábado, 7 de marzo de 2009

CARRIEGO, EN LAS MEDIANOCHES DE PALERMO

Escribe Walter Ernesto Celina


Por el empedrado sinuoso de las veredas de Palermo, Evaristo Carriego cruza el barrio en las noches apacibles y cuando los brillos de luna salpican los charcos y la lluvia se afina. Va y viene de las redacciones en que se escriben “La protesta”, “Ideas” o “Caras y caretas”.
Anima los cenáculos que se encienden en locales en que el pensamiento libertario moviliza la cultura y la política. Sus manos sostienen pliegos de tinta fresca. Los leerá en míticas mesas de cafetines, en que se arremolinan noctámbulos sentimentales y soñadores.
¿Qué está naciendo del filo de su pluma, estremecida por una fiebre extraña y corrosiva?
Jorge Luis Borges ha sostenido que si “Esteban Echeverría fue el primer espectador de la pampa, Evaristo Carriego fue el primer espectador de los arrabales.”
Nacido en 1883, fallece en 1912, marcando un surco hondo en la germinación del verso popular. Su mirada nostalgiosa cae sobre los actores del suburbio, como la tuberculosis, implacable, sobre él.

Tal como lo ha analizado Borges “no hubiera ejecutado su labor sin la vasta libertad de vocabulario, de temas y de metros que el modernismo deparó a las literaturas de lengua hispánica, de este y del otro lado del mar...” Y tras destacar lo que lo estimuló y le fue adverso del modernismo, agrega: “Una buena mitad de “Misas herejes” consta de parodias involuntarias de Darío y de Herrera. Más allá de esas páginas y de las lacras eventuales de las que quedan, el descubrimiento, llamémosle así, de nuestro suburbio define el mérito esencial de Carriego.”

Las imágenes del entrerriano de Palermo son simples, ingenuas, antes no utilizadas. En el poema “En aquella vez que vino tu recuerdo” alguien ha dejado el hogar: “La mesa estaba alegre como nunca./ Bebíamos el té: mamá reía.../
Estábamos así, contentos, cuando/ alguno te nombró, y el doloroso/ silencio que de pronto ahogó las risas...”
La escena se repite en “Caperucita Roja”, que se nos fue”. Plantea los efectos de la ausencia de otra mujer: “...La casa es un desquicio: ya no está la hacendosa/ muchacha de otros tiempos. ¡Eras habilidosa/ que todo lo sabías hacer con esas manos...!”
En “Como un deslumbramiento...”, exalta los encantos femeninos, presagiando el momento en que “revienten las yemas donde el placer anida”.
Borges, buceando en la evolución y los matices de la composición pionera de Carriego, advierte cómo llega “...a lo que no es injusto llamar la poesía de la desdicha cotidiana, de las enfermedades, del desengaño, del tiempo que nos gasta y nos desanima, de la familia, del cariño, de la costumbre, y casi de los chismes.” Y el maestro concluye con este aserto: “Es significativo que el tango evolucionara de un modo paralelo.”
En “Después del olvido” pareciere que el poeta -obrando como el verdadero precursor que fue-, se le adelantara a Pascual Contursi (el de las memorables letras “Mi noche triste” y “De vuelta al bulín”), cuando escribe estas estrofas: “Porque hoy has venido, lo mismo que antes,/ con tus adorables gracias exquisitas,/ alguien ha llenado de rosas mi cuarto/ como en los instantes de pasadas citas.” Y más adelante: “Y porque al fin vuelves, después del olvido,/ en hora de angustias, en hora oportuna,/ alegre como antes, es hoy mi cabeza/ una pobre loca borracha de luna!”.
Hacia el antiguo Palermo de piedras adoquinadas, en el que estampara su paso Evaristo Carriego, convergieron las musas que inspiraron los versos “La cumparsita”, “El esquinazo”, “Volvió una noche”, “Los mareados”, “La mariposa”, “Nostalgias”, “Milonguita”, “El patio de La Morocha”, “Romance de barrio” y tantos tangos más. Rodean para siempre a “El último organito”, testigo vivo de un tiempo que anuda la historia del arrabal rioplatense.

jueves, 4 de diciembre de 2008

TRUCO, RETRUCO Y ¡TANGO!

Escribe Walter Ernesto Celina

Citaré algunos nombres de personalidades literarias del ámbito platense que han desenvainado espadas para hablar del tango. No siempre a favor.
Tengo el recuerdo fresco de Fernán Silva Valdés. En los libros de lectura del ciclo escolar sus versos cantaban al entorno del campo y al colorido de los pájaros. Adolescente ya, lo descubrí como autor de la letra de “Clavel del aire”, con música de Juan de Dios Filiberto y la interpretación máxima de Carlos Gardel.
Cursando secundaria, un día apareció Líber Falco y, más adelante, Jorge Luis Borges. Eran tiempos en que Pablo Neruda inundaba los espacios. Marcaba las preferencias juveniles cuando con sus 20 poemas exaltaba a la mujer y, con las odas y otros versos, cantaba a un mundo nuevo.
Quizás en esto radicaba la gran diferencia con el Borges próximo, sobre el que nos interrogábamos.
El maestro argentino formaba parte de una rueda casi habitual, que nos seguía como la sombra al cuerpo, bajo la advocación gardeliana.

En poemas de harina y agua, Líber Falco había escrito:
“Yo nací en Jacinto Vera” (Qué barrio Jacinto Vera/ ranchos de lata por fuera/ y por dentro madera); “Tengo un atajo en cielo” (Tú, muchacha, y mis amigos,/ todos iremos del brazo) o “Fuera locura pero hoy lo haría” (Atar un moño azul en cada árbol/ ir con mi corazón de calle en calle./ Decirle a todos que los quiero).
Y en la intimidad, estampaba su tango “Tardecita”, con estrofas musicalizadas por Domingo Bordoli, Casto Canel y Fernando Falco:
Es muy lindo llegar/ cuando el sol ya declina/ volver de nuevo a la esquina y ponerse a soñar./ Vuelto de tardecita/ me esperaba un querer; mate amargo, dulzura, mujer!
Sobre “El compadre”, Fernán Silva Valdés había dado algunos trazos descriptivos:
Vestía pantalón a la francesa/ con un vivo negro;/ zapatos de taco alto,/ anillo en el meñique,/ sombrero requintado y pañuelo al cuello.
Y en “El tango” apuntaba:
Tango:/ por entre la cadencia de tu música queda/ yo palpo la dureza viva del arrabal,/ como por entre una vaina de seda/ la hoja de un puñal.

Con título homónimo, Jorge Luis Borges hilvana en un himno epopéyico:
Una mitología de puñales/ lentamente se anula en el olvido;/ una canción de gesta se ha perdido/ en sórdidas noticias policiales./ Hay otra brasa, otra candente rosa/ de la ceniza que los guarda enteros;/ ahí están los soberbios cuchilleros/ y el peso de la daga silenciosa.
Enrique Amorim, poeta y novelista salteño, me había sido presentado por su amigo Rodney Arismendi en el Parlamento, unos años antes del 60, en que falleciera. Su poema “Retruque” a Borges me decepcionó:
Turbia ralea despreció a la mina/ y a la costurerita y se burlaron/ (aquellos que mejor te cultivaron)/ del sin trabajo, al sol en una esquina. Tango de los reacios al horario,/ de los socios del tango haraganote./ En lento conformismo sin Quijote/ ablandaste el acero proletario.

La respuesta vino, en tiempo y forma. De entre las filas en que militaba el ilustre Amorim, en el Diario “El Popular”, en el Nro. 84 de 1958, Juan José López Silveira le ofrece extensa réplica.
Explica: “En sus orígenes, consentidos unánimemente entre el 80 y el 90, el tango careció de letra. Después, a principios del siglo XX, su canción fue himno entonado, es cierto, a las hazañas de una “turbia ralea” de prostitutas y ladrones, cuyo ambiente vital eran los burdeles de Buenos Aires o Montevideo."
Más adelante subraya:
“Claro está que el tango no es proletario, ni pudo serlo en su origen, por razones obvias.” Y apunta: “Los desclasados, del modelo rioplatense, fueron, en cierto sentido, trabajadores que actuaban y vivían en el sitio que les dejó libre la burguesía.”
Sostiene:
“La expansión urbana, con la mezcla y la proximidad de gentes antes separadas, determinó también una amplia dispersión temática en los motivos inspiradores de las letras de tango.”
Recuerda:
“Los nuevos temas pretendieron abarcar todos los aspectos de la vida ciudadana y presentar “una inconexa y vasta comédie humaine de Buenos Aires”, según dijo, precisamente Jorge Luis Borges.”
Remarca, en otro pasaje:
“Entre el primero y el último tango corrieron, no en balde, más de 70 años” (ahora, muchos más). Aquellas “minas se convirtieron en fabriqueras” y los “hijos del taita pidieron trabajo al capataz gringo”.

Jorge Luis Borges levanta su cabeza y, con los dedos en el teclado de Astor Piazzolla, en “Alguien le dice al tango”, rememora:
“Tango que he visto bailar/ contra un ocaso amarillo/ por quienes eran capaces/ de otro baile: el del cuchillo... Tango que fuiste la dicha / de ser hombre y ser valiente”.
Vuelan las notas después en “Jacinto Chiclana”:
“Me acuerdo, fue en Balvanera,/ en una noche lejana,/ que alguien dejó caer el nombre/ de un tal Jacinto Chiclana./ Algo se dijo también/ de una esquina y de un cuchillo./ Los años no dejan ver/ el entrevero y el brillo./ Después: “Me gustaría saber/ cómo habrá sido aquel hombre./ Alto lo veo y cabal, con el alma comedida; capaz de no alzar la voz/ y de jugarse la vida...”

En el juego realidad-imaginación, el sociólogo Prof. Daniel Vidart escribió hace cuatro décadas:
“El vencedor mira sin odio al caído, limpia el cuchillo en la suela de la alpargata bigotuda y se va, sin saber adónde, a ninguna parte, esto es, derecho al tango, rumbo a la crónica de los guapos que sustituye, en el Río de la Plata, a la verdadera historia.”

martes, 11 de noviembre de 2008

EL LUNFARDO ENTRA POR LA PUERTA GRANDE

Escribe Walter Ernesto Celina

Desde Buenos Aires, Don José Gobello -un sabio en temas de lingüística y a quien el tango le debe formidables recopilaciones de su poética y biografías de los actores de todos los tiempos-, me hace llegar una nota que deseo compartir con mis amigos lectores.
Su mensaje lo tituló “¡Alegría, alegría!” y es muy justa la caracterización. Ese sentimiento tan íntimo también me toca.
Antes de ir al nervio de este comentario, referiré un hecho. Va en paralelo con la labor de otro intelectual amigo.
Hace unos meses, llegando a la mesa de trabajo del investigador e historiador Don Aníbal Barrios Pintos, encuentro que examinaba y corregía pruebas de un lexicón de voces uruguayas.
Que alguien que ya lleva publicados casi cincuenta libros, especialmente relacionados a la historia de la Banda Oriental, estuviera viendo con meticulosidad vocablos nuestros, para luego ofrecerlos en los ámbitos donde otros investigadores brindan su esfuerzo, me pareció fantástico. Ello, fuera de la importancia de rescatar palabras y expresiones propias del uso popular.
En la hermana orilla, Don José Gobello exhibe esa misma fibra, con pasión indeclinable por el estudio y el análisis, proyectando siempre una decantada versación.
El texto al que hacia referencia hace un instante, es el siguiente:
LA LINGÜÍSTICA OFICIAL RECONOCE POR FIN AL LUNFARDO

“La lingüística oficial, por medio de su mayor representante, la Academia Argentina de Letras, ha reconocido por fin al lunfardo. Lo hizo en la primera edición de su Diccionario del habla de los argentinos y lo reitera en la segunda.
La Real Academia Española registró en la primera edición de su diccionario (1726) las voces de la germanía, valiéndose del famoso vocabulario suscripto por Juan Hidalgo, cuando aún se ignoraba quién se escondía tras ese seudónimo. Aquellas voces eran exclusivas de delincuentes –rufos y murcios–; en cambio, los términos lunfardos eran utilizados también por inmigrantes, según recuerda ahora la importante obra recién aparecida. Pese a ello, la academia vernácula los mantuvo durante 130 años en antesalas, antes de admitirlos en el exclusivo recinto de su diccionario.
Tan larga amansadora se debió, sin duda, a que la lingüística académica daba por muerto ese "guirigay" y "jerga gringo criolla" (Arturo Costa Álvarez, Nuestra lengua, 1922, página 147), "un invento de Gobello y Vacarezza", (Borges el memorioso, México 1982), pero la hora llegó –o dies felix memoranda fastis–, y la Academia Argentina de Letras, la misma que mezquinó un sillón a Marcos Augusto Morínigo, Correspondiente de la Real Academia Española, sólo porque presidía la Academia Porteña del Lunfardo, le ha dado estatus lingüístico. En ello se ve la mano de su presidente, Pedro Luis Barcia, hombre de vastos saberes, de mirada aguda y de generoso campo visual.
Lo celebraría otro gran presidente de esa institución, don José Oría, que el 21 de diciembre de 1962 asistió al nacimiento de la APL (Academia Porteña del Lunfardo – W.E.C.).
En 1953 señalé en Lunfardía que el lunfardo era hijo de la inmigración y no un producto carcelario. Esa convicción nos llevó a fundar en 1962 la APL para iniciar su transferencia de la jurisdicción criminológica al campo de la lingüística. Aquel propósito está cumplido. Podemos decir que hemos triunfado. No hemos arado en el agua ni sembrado en la arena.
Pero si la Academia Argentina de Letras reconoce al lunfardo, sigue ninguneando a la APL, sin advertir, tal vez, que esta ha contado siempre, durante sus casi 50 años de vida, entre sus miembros a muy ilustres catedráticos, tales como Giovanni Meo Zilio en Italia, Tomás Buesa Oliver en España, Philippe Cahuzac en Francia, Günther Haensch en Alemania, Héctor Balsas en el Uruguay, Susana Martorell de Laconi, Arturo Berenguer Carisomo, Marcos Morínigo, Oscar Conde, en la Argentina, y otros igualmente valiosos, cuya prolija mención excede la extensión de esta nota.
La Academia Argentina de Letras ha preferido trabajar en soledad. Si con un adarme de humildad hubiera consultado a la APL, habría aumentado el caudal de las voces presentadas, que estima en 4500, por lo menos hasta alcanzar las 5959 que encierra el Diccionario del habla de Buenos Aires de José Gobello y Marcelo Héctor Oliveri, y se habría ahorrado algunas erratas y varias incoherencias. Pero también esto se explica: en la Argentina las instituciones culturales privadas –es decir, ajenas al erario– son lo mismo que kelpers. Es el caso de la APL. Es nuestro orgullo.”
Y firma: José Gobello