jueves, 25 de febrero de 2010

GOBELEANDO 2010

Nota 2
AGUA FLORIDA
Escribe Walter Ernesto Celina
waltercelina1@hotmail.com
16.02.2010

Existen palabras seductoras. Una de ellas, para mi, es Florida. De joven presté atención a la carismática calle porteña de tal denominación, tan reluciente en la gran ciudad.
Sin embargo, fue en otra, también llamada Florida, que en mis ojos infantiles comenzaron a grabarse vivencias entrañables: el camino a la escuela, el baldío de barrio, la luz de almacén, las vidrieras comerciales, los talleres con oficios hoy casi perdidos; las pelotas de trapo, los trompos, las cometas, las corridas en los juegos grupales.
En esta Florida, que partía casi al medio la ciudad de Mercedes (Soriano), atravesando el pequeño centro con su plaza, arracimaba casi una veintena de calles que la cruzaban. Sus extremos unían las vías de los vagones en descanso del ferrocarril y el puente de madera, tendido sobre el arroyo Dacá, en cuyos bosques el dominio colonial portugués escondía el magnificente castillo del Barón de Mauá.

Algunas vecinas tenían la fórmula del agua florida, con aromas de rosas o jazmines. Maceraban flores con gotas de algún aceite, que diluían en alcohol. También de polvos de arroz, perfumados.
Al Agua Florida le cantó, de modo singular, Fernán Silva Valdés (1887-1975), quien compusiera el tango homónimo, con música de otro animador de las festividades populares uruguayas: Ramón “Loro” Collazo.
Silva Valdés manejó su suave pluma como dramaturgo, narrador y poeta. Dio impulso a la corriente nativista uruguaya. En 1970 recibió el Gran Premio Nacional de Literatura.
Sus poemas iniciales fueron imbuidos por el modernismo. Su amplio registro lírico hizo que sus composiciones descriptivas se integraran a las primeras lecturas de la niñez..
Su cultivo del género popular tiene registros magníficos en tangos, milongas, valses, canciones criollas, cifras.
Sus versos fueron acompañados por la voz de Carlos Gardel (Clavel del aire, por ejemplo) o acompasados por la inspiración musical de Néstor (Acosta) Feria (En blanco y negro, cuyas estrofas comienzan indicando: Tuve tropilla de un pelo/ yo también, como el mejor…, las que devendrán en un dolor de amor).
De su huella perdurable queda la correspondencia que sostuviera con Benavente, Neruda, Alfonsina, Gabriela, L. A. de Herrera, Figari, Quiroga, Amorim, Torres García, E. Larreta, Regules, Gómez Cou, Dossetti, Alonso y Trelles, P. Blanco Acevedo, Vigil, S.C. Rossi, Sábato, B. L. Brum, Gallinal y otras celebridades.
Agua Florida es una estampa que cuelga como un estupendo cuadro descriptivo, con la fisonomía única del tango.

José Gobello, en Todo Tango, recuerda que la pieza fue una creación del cantor oriental Alberto Vila, quien lo grabó, con guitarras, el 2 de abril de 1928.
Manifiesta a continuación: Es inolvidable la versión que dejó Ángel Vargas, con la orquesta de D’Agostino, el 13 de noviembre de 1941. Y remarca: Aludiendo a esta composición declaró Silva Valdés: Yo quise llevar el tango un poco hacia atrás, hacia los buenos tiempos del tango primitivo criollo, y por eso evoqué el ambiente desaparecido de las academias, de las chinas almidonadas y de las medias lunas.
Trae a colación, luego, una descripción del ambiente de 1900, perteneciente a Manuel Gálvez, con las costumbres bailables imperantes hasta la irrupción del tango.

AGUA FLORIDA

“Agua Florida”, vos eras criolla./ Te usaban las pobres violetas del fango/ de peinados lisos, como agua’e laguna,/ cuando se bailaba alegrando el tango/ con un taconeo y una media luna./ Perfume del tiempo taura que pasó/ -pues todo en la vida ha de ser así-,/ cuando las percantas mentían que no/ mientras las enaguas batían que sí.

Chinas/ sencillas y querendonas,/ que al son de las acordeonas/ bailaban un milongón./ Chinas/ que oliendo a “Agua Florida”/ se metían en la vida/ a punta de corazón.

“Agua Florida”, vos eras criolla./ De cuando una viola tocaba de prima/ y otras las cuarteaban dando a las bordonas,/ y un ramo de taitas era cada esquina/ y la vida era linda y guapetona./ Vos eras del tiempo del gacho ladeao,/ de la mira airosa anclada en el bulín,/ del lazo en el pelo, del percal floreao/ y de la academia y del peringundín.
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martes, 16 de febrero de 2010

GOBELEANDO 2010

Nota 1
A PAN Y AGUA

Escribe Walter Ernesto Celina
waltercelina1@hotmail.com
10.02.2010
INTRODUCCIÓN
El maestro José Gobello preside la Academia Porteña del Lunfardo. Es, sin duda, el analista más erudito y relevante en aspectos principales de la historia del tango, la bella y nostalgiosa música que define tantos elementos comunes de la identidad de argentinos y uruguayos.
Biógrafo profundo de letristas, compositores e intérpretes, suministra desde hace décadas páginas imprescindibles de este capítulo de la música universal.
Los riquísimos antecedentes que ha recopilado permiten la valoración más exacta de lo que la UNESCO ha reconocido como patrimonio cultural de la humanidad (2009).
Su Todo tango –Letras de tango que cuentan historias (Ediciones Libertador – Buenos Aires) es una joyita de divulgación de la poesía de la ciudad.
Con esta obra, que apenas tiene un año, Gobello entra, con la puntillosidad del investigador avezado, en los archivos de una época signada por los perfumes del percal, los sueños de amor y vida y ciertas desesperanzas esclarecedoras.
El autor presenta datos cronológicos, autores y hechos, en una síntesis no exenta de referencias sociológicas y literarias.
Mis notas tangueras de 2010 las inicio con una breve serie que nominaré Gobeleando, en honor al eximio tanguista argentino, elaboradas en base a sus aportes singulares.
Por lo dicho, ir al encuentro de José Gobello es un verdadero privilegio.

UN RECUERDO CON MELANCÓLICOS DEJOS…
La expresión A pan y agua se interpreta como una condición inherente a la bohemia, en ese salto efímero consistente entre lo que se goza y se pierde, abriendo paso a la soledad y, aún, al abandono.
La frase puede aludir a la punición con que las policías bravas castigaban a un detenido, privándolo de la alimentación corriente.

La música del tango A pan y agua fue compuesta en 1920 por Juan Carlos Cobián (1899-1953).
Cabe establecer que fue un pianista excelso y renovador del tango. Formó parte de las orquestas de Genaro Espósito y Eduardo Arolas. Integró la suya, la que también fuera dirigida por Julio de Caro. Son de su autoría: Nostalgias, Niebla del Riachuelo, La casita de mis viejos, Shusheta, Los mareados y otros).
Enrique Cadícamo le aportó versos benévolos. Manifiesta Gobello que fue registrada para el disco en octubre de 1945, por un binomio que dejó huellas imborrables: el que integraran el vocalista Ángel Vargas con el director orquestal Ángel D’Agostino.
Cadícamo instala la escena en el viejo Palermo de entonces, en los recuerdos de las noches de verbena, en un amor y en un tango que viene de lejos a acariciar mis oídos, como un recuerdo querido, con melancólicos dejos.
He tenido oportunidad de escribir citando al entrañable Evaristo Carriego, tan respetado por Jorge Luis Borges. Los pasos de ambos surcaron el barrio bonaerense al que vuelve Cadícamo.
Don José Gobello rescata, para sus anotaciones sobre A pan y agua, algo de la prosapia palermitana, que matiza con pinceladas de Borges.

Fragmentariamente, de lo uno y lo otro, extraigo dos pasajes.
Dice Gobello: “El barrio de Palermo, nacido como una cuña de la pampa introducida en la ciudad, se extendía por los bajos y anegadizos terrenos ubicados entre el pueblo de Belgrano y el límite norte de la ciudad, que entonces no llegaba más allá de la Recoleta. No hay acuerdo sobre el origen de su nombre; algunos lo atribuyen al propietario de una chacra llamado Juan Domínguez Palermo, que se instaló en el lugar allá por 1600. Otros pretenden que se deriva de la advocación de una capilla que se erigía en las actuales esquinas de Las Heras y Malabia, donde se veneraba a San Benito de Palermo.
Este sector de la ciudad recibió un notable impulso cuando Juan Manuel de Rosas construyó una mansión, que rodeó de jardines y de un canal, por donde se podía navegar en bote entre hermosos cisnes. Sus opositores denominaban a este sitio la Versailles del Plata, en comparación sarcástica con la Versailles francesa, por la fastuosidad de la construcción y el absolutismo de quien lo habitaba…”

El siguiente segmento pertenece a Jorge Luis Borges (Buenos Aires, mi ciudad – Eudeba 1963): “Palermo era una despreocupada pobreza. La higuera oscurecía sobre el tapial; los balconcitos de modesto destino daban a días iguales; la perdida corneta del manisero exploraba el anochecer. Sobre la humildad de las casas no era raro algún jarrón de mampostería, coronado áridamente de tunas…
Hacia el poniente había callejones de polvo que iban empobreciéndose tarde afuera; había lugares en que un galpón del ferrocarril o un hueco de pitas o una brisa casi confidencial inauguraba malamente la pampa. O si no, una de esas casas petisas sin revocar, de ventana baja, de reja -a veces con una amarilla estera atrás, con figuras- que la soledad de Buenos Aires parece criar, sin participación humana visible. Después: el Maldonado, reseco y amarillo zanjón, estirándose sin destino desde la Chacarita y que por un milagro espantoso pasaba de la muerte de sed a las disparatadas extensiones de agua violenta, que arreaban con el rancherío moribundo de las orillas. Hará unos cincuenta años, después de ese irregular zanjón o muerte, empezaba el cielo: un cielo de relinchos y crines y pasto dulce, un cielo caballar.
Ahí se entristecía Palermo, pues las vías de hierro del Pacífico bordeaban el arroyo, descargando esa peculiar tristeza de las cosas esclavizadas y grandes; de las barreras altas como pértigo de carreta en descanso, de los derechos terraplenes y andenes. Una frontera de humo trabajador, una frontera de vagones brutos en movimiento, cerraba ese costado; atrás, crecía o se emperraba el arroyo. Lo están encarcelando ahora: ese casi infinito flanco de soledad que se acavernaba hace poco, a la vuelta de la truquera confitería La Paloma, será reemplazado por una calle tilinga, de tejas anglizantes…”


A PAN Y AGUA
Música: Juan Carlos Cobián, 1920 – Letra: Enrique Cadícamo, 1945

En mi triste evocación/ surge el tiempo que se fue./ ¡Cuántos años han pasado/ y parece que fue ayer…!/ ¿Dónde está la que amé…?/ ¿Dónde está la que olvidé…?/ El recuerdo me entristece y anochece en mi corazón…
Viejo Palermo de entonces/ hoy regresas a mi mente…/ ¡Cuántos amigos ausentes/ como yo recordarán/ esas noches de verbena,/ esas noches de alegría,/ y este tango que se oía/ entre copas de champán…
(Hablado)
A pan y agua…
Tango que viene de lejos/ a acariciar mis oídos/ como un recuerdo querido/ con melancólicos dejos…/ Tango querido de ayer,/ ¿qué ventarrón te alejó…?/ Junto con ella te has ido/ y hoy la trae tu evocación.


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sábado, 2 de enero de 2010

GOBELEANDO 3

LA BRONCA, PARIENTA DE LA LIBERTAD
Escribe Walter Ernesto Celina
waltercelina1@hotmail.com – 22.12.2009

Bronca, letra de Mario Batistella, data de 1962 y lleva música del cantante Edmundo L. Rivero, voz sobria y varonil del tango.
Precisa el investigador José Gobello que Rivero la interpretó en diversos lugares balnearios durante el verano de 1962-63, con la particularidad que al retornar a su labor en la Radio El Mundo, en marzo de 1963, se le informó que la irradiación de esa página había sido prohibida. Era presidente de la nación el Dr. José María Guido.”
En una precisa anotación -Todo Tango (págs. 65 a 67)-, Gobello proporciona el marco en que se da la interdicción.
Buenos Aires vivía en setiembre de 1962 un auténtico clima de guerra, siendo los militares colorados y azules quienes se disputaban la salvación del país…
El ascenso del general Onganía se daba en medio de combates en Plaza Constitución, Parque Chacabuco y Parque Avellaneda. Los azules le apoyaban: los colorados fueron derrotados. Guido oscilaba entre unos y otros. Saltó de su sillón.
En el medio radial la acción psicológica era instrumentada por el sociólogo José E. Miguens y por el periodista Mario Grondona.
La brutalidad pasó a ser ley. Los partidarios de Boca Juniors gritaban en las canchas: Melones, sandías/ a Boca no lo paran ni los tanques de Onganía.
Resume Gobello: En esta gran confusión, como dice el tango, llegamos al verano caliente (1962-1963), en medio de una gran sequía y con el aumento del costo de vida, en 50%, durante noviembre y enero. Entre rumores, contradicciones y ambigüedades, se quemaban los laureles que supimos conquistar y, como no podía ser de otra manera, la falta de democracia selló una vez más en canto de las gentes, prohibiendo la difusión de este tango en marzo.
Pocos años después, el dictador Onganía bendeciría al presidente Jorge Pacheco Areco, a bordo de una nave, en medio del gran río.
Como obsequio el pichón uruguayo recibiría una sofisticada metralleta.
El tango que se leerá se anticipó a aquel tiempo y su inicua prolongación: ¡Es la hora del asalto!, expresa un verso.
Mucho dolor y una bronca pertinaz, que aún recuperadas las libertades, levanta banderas de verdad y justicia.

BRONCA
1962

Por seguir a mi conciencia/ estoy bien en la palmera/ sin un mango en la cartera/ y con fama de chabón./ Esta es la época moderna/ donde triunfa el delincuente/ y el que quiere ser decente/ es del tiempo de Colón./ Lo cortés pasó de moda / no hay modales con las damas;/ ya no se respetan canas,/ ni las leyes ni el poder./ La decencia la tiraron/ en el tacho a la basura/ y el amor a la cultura/ todo es grupo, puro bluff.
¿Qué pasa en este país?/ ¿Qué pasa mi Dios?,/ Qué os vinimos tan abajo?/¡Qué tapa nos metió el año 62!
¿Qué pasa?/ ¡Qué signo infernal/ lo arrastra al dolor?/ Ya ni entre hermanos se entienden/ en esta gran confusión…/Que si falta la guita…/Que si no hay más lealtad…/¿Y nuestra conciencia,/ no vale eso más?
Pucha, ¡qué bronca me da/ ver tanta injusticia de la humanidad!
Refundir a quien se pueda/ es la última consigna/ y ninguno se resigna/ a quedarse sin chapar…/ Se trafica con la droga,/ la vivienda, el contrabando…/ Todos ladran por el mundo…/ Nadie quiere laburar./ Los muleros van en coche,/ Satanás está de farra/ y detrás de la fanfarria/ salta y baila el arlequín…/ ¡Es la hora del asalto!/ ¡Métanle que son pasteles!/ Y así queman los laureles/ que supimos conseguir.-

GOBELEANDO 2

DISCÉPOLO EN LA SENDA DE ALMAFUERTE
Escribe Walter Ernesto Celina
waltercelina1@hotmail.com - 17.12.2009

El maestro de escuela Pedro B. Palacios (Almafuerte) (1854-1917), iluminó con su presencia y acción no sólo a sus discípulos, sino a los rioplatenses, quienes encontraron en él un modelo de pedagogo, de pensador y de ciudadano independiente.
Preguntado porqué abandonaba la ciudad en que ejercía su magisterio, contestó: ¡Voy al campo a sembrar abecedarios!
Desde su concepción ética vierte en sus poesías amor por la humanidad sufriente e interroga a Dios, sólo como puede hacerlo un creyente convencido, con la fuerza de todo quien es capaz de poseer un credo moral trascendente.
Enrique Santos Discépolo, desde un ángulo menos retórico, aunque vigoroso y con el empaste lírico de su voz de hombre de pensamiento autónomo, conmovido por los desgarros del amor y la laceración del dolor, hizo sus propias interrogantes.
La letra que ha de leerse va en esa dirección y, acompañada de la música que la engalana, es una joyita bellísima.

CANCIÓN DESESPERADA
1945
Letra: Enrique Santos Discépolo – Música: Mariano Mores
¡Soy una canción desesperada!/ ¡Hoja enloquecida en el turbión!/ Por tu amor mi fe desorientada/ se hundió, destrozando mi corazón./ Dentro de mi mismo me he perdido/ ciego de llorar una ilusión./ ¡Soy una pregunta empecinada/ que grita su dolor y tu traición!

¿Por qué me enseñaron a amar/ si es volcar sin sentido los sueños al mar?/ Si el amor es un viejo enemigo/ que enciende castigos/ y enseña a llorar…/ Yo pregunto: ¿Por qué,/ sí, por qué me enseñaron a amar/ si al amarte mataba mi amor?/ Burla atroz de dar todo por nada/ y al fin de un adiós, despertar llorando…
¿Dónde estaba Dios cuando te fuiste?/ ¿Dónde estaba el sol que no te vio?/ ¿Cómo una mujer no entiende nunca/ que un hombre da todo, dando su amor?/ ¿Quién les hace creer otros destinos?/ ¿Quién deshace así tanta ilusión?/ ¡Soy una canción desesperada/ Que grita su dolor y tu traición!

Recuerda Don José Gobello que fue escrita para el cantante Hugo del Carril, quien la grabó en México en 1946, asistido de la orquesta de Atilio Bruni, luego de haberla cantado para el film azteca de su mismo título.
Libertad Lamarque la registró con Alfredo Malerba, antes de su exilio.
Numerosos artistas la han interpretado, entre ellos, Roberto Goyeneche.

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GOBELEANDO 1

LA CANTINA
Escribe Walter Ernesto Celina
waltercelina1@hotmail.com – 17.12.2009

El Tango es un compendio de 250 letras anotadas por el Maestro José Gobello, erudito en la materia.
El trabajo presenta los temas -como en otras publicaciones similares del ensayista e historiador- con indicación de los autores de la versificación y de la música, indicaciones referentes al momento de su difusión y anotaciones histórico-sociológicas, del mayor interés.
De esta formidable selección, he de extraer algunas letras, más o menos divulgadas, con el fin que el lector las examine en su fondo conceptual y poético, en el acierto de determinados giros lingüísticos, así como en la descripción de época, aspectos estos, entre otros, imprescindibles para evaluar un momento social, cultural, psicológico y, aún político, en que surge la creación.
Del aporte del académico argentino adoptaré, de manera sintetizada, algunos elementos ilustrativos.
Voy a la versión de:
LA CANTINA
Letra: Cátulo Castillo – Música: Aníbal Troilo
Año 1954

Ha plateado la luna el Riachuelo/ y hay un barco que viene del mar,/ con un dulce pedazo de cielo,/ con un viejo puñado de sal.
Golondrina perdida en el viento,/ ¿por qué calle remota andará,/ con un vaso de alcohol y de miedo/ tras el vidrio empañado de un bar?
La cantina/
llora siempre que la evoca /cuando toca piano, piano,/
su acordeón el italiano;/
la cantina/ que es un poco de la vida/ donde estabas escondida/ tras el hueco de la mano,/ de mi mano/ que te llama, silenciosa /mariposa que al volar/ me dejó sobre la boca, sí,/ me dejó sobre la boca/ su salado gusto a mar.
Se ha dormido entre jarcias la luna,/ llora un tango su verso tristón/ y entre un poco de viento y de espuma/ llega el eco fatal de tu voz…/ Tarantela del barco italiano…/ La cantina se ha puesto feliz,/ pero siento que llora, lejano,/ tu recuerdo vestido de gris…

Señala Gobello: La grabaron simultáneamente, en 1954, Alberto Marino, con orquesta; Aníbal Troilo, con la voz de Jorge Casal, y Edmundo Rivero, con guitarras.
Tarantela: Baile napolitano, de movimiento muy vivo, en compás de 6 x 8.
El neologismo “gobeleando” deriva de la toma de información captada del libro en que el investigador hace gala de su saber profundo.
Las notas, en algunos casos, estarán matizadas con consideraciones y opiniones propias.

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viernes, 18 de diciembre de 2009

ELOGIO DEL TANGO

TROILO EN 100 CAPÍTULOS
Escribe Walter Ernesto Celina
waltercelina1@hotmail.com – 14.12.2009

Aníbal Troilo (Pichuco) es una de las esencias más perdurables del tango.
Para hablar de él se han juntado dos plumas: la de nuestro compatriota Horacio Arturo Ferrer y la del maestro argentino José Gobello (Belgo).
Véase lo que aporta este último, con su ilustrativo comentario:

“Nuestro académico de número (1) Don Horacio Arturo Ferrer podría adjudicarse así mismo aquella conmovedora confesión de Ovidio (Tristes, IV, 10): Quidquid tentabam dicere versus erat, “todo lo que intentaba escribir era poesía.
De retorno de una de sus presentaciones triunfales en Europa, Ferrer da a conocer ahora esta obra sobre Troilo, hecha a lo grande. Nada hace Ferrer que no sea a lo grande, como los mil versos para Picasso que tiene en gateras.
Hay en este homenaje literario a Troilo recuerdos, anécdotas, valoraciones, admiraciones, crítica, historia mayor e historia menor… Pero ¡caray!, todo lo que intenta escribir siempre resulta poesía.
Así como Troilo dijo de Gardel que no era que su canto tuviese ritmo, porque el ritmo era él mismo, de Ferrer puede afirmarse que no se trata de que todo le salga poesía, sino que él mismo es la poesía.
Los cien capítulos que dedica a Pichuco, más una antología en CD y, todavía, de yapa, ciento veinte fotografías memoriosas, impagables, nos ofrecen, es claro, un Troilo cabal y multirostro, de quien los puñales de hielo con que nos desgarraba su derecha me persiguen como el ensimismamiento de quien estaba pensando en su propia alma, que se le escapaba por los dedos.
Leo a Ferrer y siento sus páginas como una verdadera almografía personal. Cien capítulos sobre Troilo son también cien capítulos sobre Ferrer.
Me cito a mi mismo. En mi poesía “A Misael” digo de lo que yo mismo escribo que, cada cuartilla es la fotografía que me muestra distinto e inmutable. También, inmutable y distinto se muestra Ferrer, ya se refiera a Pichuco, a Picasso, a Woody Allen, a la última grela o al colifato que ve a la Luna rodando como un queso de bola sobre el smog de la Avenida Callao. BELGO.”


(1): Referencia a la Academia Porteña del Lunfardo.

ELOGIO DEL TANGO

EL MAESTRO JOSÉ GOBELLO
Escribe Walter Ernesto Celina

waltercelina1@hotmail.com – 13.12.2009

El año se cierra con el extraordinario reconocimiento hacia el tango y el candombe como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.
La distinción, conferida por la UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Ciencia, la Educación y la Cultura), abarca el área de los países platenses.
La decisión, obviamente, llena de gozo a los cultores de las dos modalidades musicales. Cubre el extenso espectro de intérpretes, compositores, músicos, arregladores, vestuaristas, alcanzando a estudiosos y diletantes. Un mundo multicolor y creativo por el que se muestra la sensibilidad compartida de las comunidades argentina y uruguaya.
En un plano más íntimo, aunque igualmente significativo, un ilustre intelectual argentino, Don José Gobello (Belgo), celebró sus 90 años.

Estuvo rodeado por sus colegas de la Academia Porteña del Lunfardo y otras personalidades.
Recibió el título académico de Periodista Honoris Causa del Instituto Grafotécnico, decano en Argentina en la formación de comunicadores.

Para la reedición de Lunfardía, en que Gobello examina con erudición brillante las peculiaridades idiomáticas de expresiones allegadas al tango, el uruguayo Horacio Arturo Ferrer pudo manifestar, entre otros conceptos:
Nombre consular, entre nombres con historia y lustre en el registro íntimo y público de la Academia Porteña del Lunfardo, donde oficia sermones paganos con elegancia pausada y elegidas palabras de la Real Academia Castellana.
…Estilista de prosa delicada y contundente e inconfundible, tal que la lectura de esa prosa trajera siempre aparejada su voz cálida y seductora, su voz de cantor con el ritmo tomado del saber mucho y con la música pedida a las ideas y a la armonía de las ideas.
…Numen de esta Lunfardía que esclarece en las esquinas con luz de faro, que va para medio siglo que alumbra y da fecha al habla de la furca y la ganzúa, el bandoneón y el lirismo soberbio de nosotros los reos.

El preclaro homenajeado es uno de los nombres imprescindibles para acceder al cofre que guarda los secretos de la vitalidad universal del tango.


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