domingo, 18 de abril de 2010

GOBELEANDO 2010-04-15

MEMORABLE BALADA TANGUERA
Nota 5
Escribe Walter Ernesto Celina
waltercelina1@hotmail.com – 16.04.2010

Sobre la década de los años 50 del siglo pasado el tango experimentó el sacudimiento que le impuso Astor Piazzolla. El virtuuso músico argentino había contactado muy temprano con Carlos Gardel, siendo el pibe en una escena de El día que me quieras.
Recuerda José Gobello, en Todo Tango, algunos momentos gravitantes de su formación y aquellos nucleamientos orquestales que levantaran resistencias y aplausos: el Octeto Buenos Aires y, después, el Quinteto. Cita nombres señeros de músicos integrados a la corriente renovadora: Enrique Francini, Roberto Panssera, Horacio Malvicino, Atilio Stampone, Antonio Agri, Oscar López Ruíz y el inolvidable Cacho Tirao.

Suministrando datos, a propósito del tema Balada para un loco, sintetiza: "Es a partir de 1969, luego del estreno de la operita María de Buenos Aires, con textos de Horacio Ferrer, que comienza a recorrer el camino del reconocimiento popular, a través de su mayor éxito ligado al tango: Balada para un loco.”

En nota aparte ingresaré a consideraciones más amplias sobre el gran músico marplatense.
En esta instancia recordaré al uruguayo Ferrer, su amigo entrañable, con quien trabajara en la simbiosis autoral.

En una nochecita primaveral, creo que en 1957, los mercedarios Enrique Pedro Haba Müller, Mario Prunell Celina y yo abrimos la puerta roji-negra de una de las últimas casas de la calle Soriano, en Montevideo, y descendimos a un amplio sótano, fresco y medianamente iluminado.
Con nerviosismo Horacio Arturo Ferrer y otros amigos del Club de la Guardia Nueva acondicionaban los bancos en aquella cueva y testeaban las conexiones de los equipos de audio. Iba a comenzar una de las habituales audiciones sabatinas de música de tango.
En los intermedios se dialogaba en grupos. La unanimidad estaba sobreentendida en Gardel. De Caro, Troilo, Pugliese sumaban prestigios. Allí lucía el partido de los admiradores incondicionales de Piazzolla y Salgán. Vardaro acumulaba votos y no faltaban las menciones a los últimos contactos con el Dr. Luis Sierra, cónsul de la entidad en Buenos Aires.
Ferrer oficiaba como secretario y a la vez, dirigía la revista Tangueando, con importantes artículos de la cultura musical rioplatense. Con el pseudónimo de Horacus, trazaba los perfiles caricaturescos de músicos pioneros. Este estudiante de arquitectura, nacido en Montevideo en 1933, gozaba de la compañía, entre otros, de mi estimado amigo Jaime Bareika (entonces estudiante de medicina e integrante de la FEUU), del entrañable tangólogo Boris Puga, del músico Nicolás Pepe, de los arquitectos Jorge Seijo y Carlos Vallarino, del pintor Mario Arroyo, del periodista Horacio Loriente.
Pese a estas vivencias, mi amistad fue con el poeta y periodista Eduardo Ferrer, hermano de Horacio.
Por entonces, Horacio Ferrer hacía por hizo periodismo tangófilo y, en alas de esta inspiración, comenzó a construir letras, abrazándose con pasión a la generosa Buenos Aires, tan porteña y oriental.

De 1969 data esta hermosa página, a la que Astor le puso su refinada música:

BALADA PARA UN LOCO

(Recitado)
Las tardecitas de Buenos Aires tienen ese qué sé yo, ¿viste? Salís de tu casa, por Arenales. Lo de siempre: en la calle y en vos…
Cuando, de repente, de atrás de un árbol, me aparezco yo. ¡Te reís…! Pero sólo vos me ves: porque los maniquíes me guiñan; los semáforos me dan tres luces celestes, y las naranjas del frutero de la esquina me tiran azahares. ¡Vení!, que así, medio bailando y medio volando, me saco el melón para saludarte, te regalo una banderita, y te digo…

(Cantado)
Ya sé que estoy piantao, piantao, piantao…
No ves que va la luna rodando por Callao;
que un corso de astronautas y niños, con un vals,
me baila alrededor…¡Bailá! ¡Vení! ¡Volá!

Ya sé que estoy piantao, piantao, piantao…
Yo miro a Buenos Aires del nido de un gorrión;
y a vos te vi tan triste… ¡Vení! ¡Volá! ¡Sentí!...
el loco berretín que tengo para vos:

¡Loco! ¡Loco! ¡Loco!
Cuando anochezca en tu porteña soledad,
por la ribera de tu sábana vendré
con un poema y un trombón
a develarte el corazón.

¡Loco! ¡Loco! ¡Loco!
Como un acróbata demente saltaré,
sobre el abismo de tu escote hasta sentir
que enloquecí tu corazón de libertad…
¡Ya vas a ver!

(Recitado)
Salgamos a volar, querida mía;
subite a mi ilusión supersport,
y vamos a correr por las cornisas
¡con una golondrina en el motor!
De Vieytes nos aplauden: ¡”Viva! ¡Viva!”,
los locos que inventaron el Amor;
y un ángel y un soldado y una niña
nos dan un valsecito bailador.
Nos sale a saludar la gente linda…
Y loco -pero tuyo-, ¡qué se yo!:
provoco campanarios con la risa,
y al fin, te miro, y canto a media voz:

(Cantado)
Quereme así, piantao, piantao, piantao…
trepate a esta ternura de locos que hay en mí,
ponete esta peluca de alondras, ¡y volá!
¡Volá conmigo ya! ¡Vení!, volá, vení!

Quereme así, piantao, piantao, piantao…
Abrite los amores que vamos intentar
la mágica locura total de revivir…
¡Vení, volá, vení! ¡Tra-lai-la-larará!

(Gritado)
¡Viva! ¡Viva! ¡Viva!
¡Loca ella y loco yo…
¡Locos! ¡Locos! ¡Locos!
¡Loca ella y loco yo!

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domingo, 11 de abril de 2010

GOBELEANDO 2010

URUGUAYOS EN EL ITINERARIO BS.AS.-PARÍS
NOTA 4
Escribe Walter Ernesto Celina

waltercelina1@hotmail.com – 18.03.2010
Ramón Collazo
Ciertos aspectos de la cultura rioplatense muestran la intensa mancomunidad que las ha signado, por encima de divisiones político-institucionales.
Como no podía ser de otra manera, ello se manifiesta en expresiones de firme acento popular.
Si de música se trata, no puede soslayarse el aporte uruguayo al enraizamiento del tango.
A poco que se aprecie el texto de ¡Araca, París!, escrito en 1930 e inmortalizado por la voz de Carlos Gardel, nadie sospecharía que su intensa ambientación porteña tiene origen en fuente uruguaya, tanto en letra como en música.

El maestro José Gobello lo incluye en el libro de letras y antecedentes que vengo comentando, con citas de interés.
Sobre sus autores, sintetiza: Letra de Carlos César Lenzi, comediógrafo y diplomático uruguayo; música de Ramón (El loro) Collazo. Carlos Gardel lo grabó el 4 de noviembre de 1930.
Efectivamente, ambos fueron importantes referentes del espectáculo.
Lenzi, en 1925, había creado con el destacado músico compatriota Edgardo Donato, A media luz, composición que recorrió el mundo, cuyos sugerentes versos permanecen en la memoria colectiva (¡Qué suave terciopelo, la media luz de amor!).
Sus prolíficos antecedentes lo vinculan al cenáculo Tabaré, con Fernán Silva Valdés, Yamandú Rodríguez y Julio B. Mendilaharsu. La revista y el teatro lo contaron entre los suyos, con otro montevideano, Ángel Curotto. Luis Cluzeau Mortet musicalizó su composición lírica La copa de los montes. El ascético Miguel de Unamuno ponderó sus Poemas. Traducido al francés, recogió la crítica elogiosa de Jean Cassou. Amigo de Gardel, aparece con él en una foto tomada en Niza.
Ramón Collazo fue una figura central del carnaval uruguayo a partir de 1920, en el que se proyectó con la famosa Trouppe Ateniense, de la que surgiera la Oxford. El tango Adiós mi barrio, de su autoría (Viejo barrio que te vas, te doy mi último adiós…), fue grabado con esta agrupación, recordada por su contrapunto con Un real al 69, inspirada por Salvador Granata, cuyos tenores dejaran memorables recuerdos.
Collazo tenía una excelente formación musical, adquirida en el Instituto Verdi. Formó su orquesta en Buenos Aires, grabando para Odeón. Uno de los primeros filmes nacionales, Soltero soy feliz, lo tuvo como autor musical y actor.
En su homenaje, el Teatro de Verano del Parque Rodó, en Montevideo, ágora de las carnestolendas, lleva su nombre. Había inspirado, también, a conjuntos no olvidados como Parodistas de chocolate y Momento musical.
Recuerda Gobello la popularidad que el tango había adquirido en París hacia 1912. Trae a colación una nota de L’Ilustrattion, de agosto de 1913.
Extraigo estas líneas de la cita gobeleana: “Al mismo tiempo que se ha instalado como dueño de todos los salones de la buena danza, ha conquistado nuestra lengua, que le abrió de inmediato los tesoros de su gramática: “¿Voulez vous tanger?” (¿Quiere/s tanguear?; los rioplatenses decíamos: ¿Baila?, ¿Bailamos? Y, ahora, al tutear ¿Bailás? WEC), se interrogaba del modo más natural del mundo en los bailes de invierno y de la primavera…”

Otra gragea, más acá en el tiempo, Gobello la ubica a mediados de 1922, en un comentario que en La Razón efectúa Enrique Gómez Carrillo, a propósito de los calificativos manejados por La Revue Mondiale ante la entrada triunfal de nuestra música en la Ciudad Luz: “…baile de salvajes y de negros, sin gracia, inmoral, corruptor, peligroso.”

En ¡Araca, París!, tan nuestro por uruguayo y por porteño, el gigoló, retorna a su lugar de origen, tras su aventura picaresca, trocando su ilusión por un ¡Salute, París!

¡ARACA, PARÍS!
Piantá de Puente Alsina para Montmartre/ que todos me batían pa’ m’engrupir./ Tenés la pinta criolla p’acomodarte/ con la franchuta vieja que va al dancing./ ¿Qué hacés en Buenos Aires?
¡No seas otario!/ Amurá esas milongas del Tabarís./ Con tres cortes de tango sos millonario…/ ¿Morocho y argentino? ¡Rey de París!
¡Araca, París!/ ¡Salute, París!
Rajá de Montmartre,/ piantate, infeliz./ Si vas a París/ no vas a morfar./ No hay minas otarias/ y hay que laburar./ Volvete p’al barrio y tendrás milongas,/ milongas diqueras/ que saben amar.
¡Araca, París!/ ¡Salute, París!/
Rajá de Montmartre;/ ¡piantate, infeliz!
Agarré tren de lujo, loco ‘e contento,/ -Bon soir, petit. Je t’aime, tu es mon cocó-/ con una gorda tuerta con mucho vento/ que no me dio ni medio y me amuró./ Tiré la bronca y guapo, pa’ darme corte,/ un tortazo en la ñata se le incrustó./ Comisaría, jueces y un pasaporte…/ Y terminó mi historia de gigoló.

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domingo, 7 de marzo de 2010

GOBELEANDO 2010

Nota 3
POESÍA DE TANGO

Escribe Walter Ernesto Celina
waltercelina1@hotmail.com
28.02.2010

Quedémonos aquí, es un poema de la música ciudadana rioplatense, que José Gobello recoge en Todo Tango.
Sus tres primeros versos nos introducen en un universo de amor presente, signado por la angustia y las ansias de vivir: Amor, la vida se nos va…/ quedémonos aquí…Ya es hora de llegar./ Amor, quedémonos aquí.

Consigna la nota del compilador argentino:
“En 1956, Libertad Lamarque, acompañada por la orquesta de Alfredo Malerba, dejó una bella versión de este tango, que lleva versos de Homero Expósito y música de Héctor Stamponi.”
Cabe recordar que la gran rosarina Libertad Lamarque es una figura destacadísima de la canción popular y de la escena. Principió en las tablas y, al culminar su carrera, era partícipe en casi una cincuentena de filmes musicales. Vivió más de 90 años. Coactuó con Hugo del Carril, Jorge Negrete y Palito Ortega, entre otros.
En 1931 ganó el apelativo de Reina del Tango, tras triunfar en un certamen característico de la época.
De madre gallega y padre uruguayo, adherido a ideas transformadoras, su nombre encuentra razón en la ruptura con el statu quo.
Libertad emigró de su tierra tras el ascenso al poder de Eva Duarte y Juan D. Perón. México y Puerto Rico la prohijaron.
En 1967 fue aclamada por sus admiradores en el Teatro Odeón, tras la caída de peronismo.
No fue una política. Sí, una artista de talento. Fiel a sus raíces, con un público no menos fiel. La herencia de su voz suscita permanente admiración.
Con el acompañamiento orquestal de Alfredo Malerba, su esposo, resaltó el brillo de la letra:

QUEDÉMONOS AQUÍ
Amor, la vida se nos va…/ Quedémonos aquí… Ya es hora de llegar./
Amor, quedémonos aquí./ ¿Por qué sin compasión rodar?/ Amor, la flor se ha vuelto a abrir/ y hay gusto a soledad, quedémonos aquí…/ Nuestro cansancio es un poema sin final/ que aquí podemos terminar.

Abre tu vida sin ventanas…/ Mira lo lindo que está el río…/ Se despierta la mañana y tengo ganas/ de juntarte un ramillete de rocío…/ ¡Basta de noches y de olvidos! ¡Basta de alcohol sin esperanzas!/ ¡Deja todo lo que ha sido/ desangrarse en ese ayer sin fe!

Tal vez, de tanto usar el gris, te ciegues con el sol, pero eso tiene fin…/ Después verás todo el color…/ Amor, quedémonos aquí./ Amor, asómate a la flor/ y entiende la verdad que llaman corazón./ Deja el pasado acobardado en el fangal,/ que aquí podemos empezar…


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martes, 2 de marzo de 2010

TRABAJOS DE LA ACADEMIA NACIONAL DE LETRAS

Escribe Walter Ernesto Celina
waltercelina1@hotmail.com
18.02.2010

PRODUCCIÓN INTELECTUAL

Con la acostumbrada jerarquía, en cuanto a contenido y presentación, la comisión de publicaciones de la Academia Nacional de Letras ha hecho circular el número 6-7, de su prestigiosa revista. Corresponde a la última entrega del año 4 (diciembre 2009), en edición asistida por el ente público ANTEL.
El sumario exhibe el valor de los asuntos que divulga, a saber: Homenajes a Juan Carlos Onetti, en cinco textos. Discursos académicos varios, con intervenciones referentes a sus nuevos integrantes Circe Maia, Estela Medina, Daniel Vidart y varias respuestas. Agrega una reflexión sobre el arte y un reconocimiento al investigador Juan Pedro Barrán. Dedica, asimismo, un capítulo importante a ensayos. Otras páginas se focalizan en José Pedro Díaz, Amanda Berenguer y noticias de la entidad.

EN LOS CAMPOS DEL IDIOMA

La academia uruguaya, como entidad especializada en las cuestiones idiomáticas, ha marcado su presencia en encuentros de Sevilla, donde se examinaron las labores para la publicación del Diccionario de Americanismos y la revisión de las reglas de la Ortografía Hispánica, fuera de otros proyectos.
Una comisión lexicográfica elabora, en fase adelantada, el Diccionario Español de Uruguay, un esfuerzo metódico de varios años. Recoge antecedentes, entre otros, el Nuevo Diccionario de Uruguayismos (1993), de Úrsula Kühl, más vocabularios contenidos en obras literarias, científicas, terminologías de uso en ámbitos docentes, etc., colectados y verificados por colaboradores especializados.
Laura Álvarez López aporta, en la sección ensayos, un estudio original acerca de la Práctica lingüística afrouruguaya. Lo hace a partir de El canto patriótico de los negros, realizado en verso por Francisco Acuña de Figueroa, con motivo de la ley de libertad de vientres, atinente al cese de la esclavitud.
El centro de la monografía tiene que ver con los cambios lingüísticos registrados en contextos multilingües de América Latina, donde han surgido variedades afrolatinas que se alejan de las regionales consideradas normativas, por lo general más cercanas a sus correspondientes europeas.
El texto de Acuña de Figueroa -que motiva el análisis- es considerado un documento representativo de la manera de hablar de africanos y sus descendientes en el Uruguay del siglo XIX.
Se describe, en forma general, el contexto sociohistórico y cultural en que fue dado, para luego ingresar en las dimensiones léxico-semánticas, fonético-fonológicas, morfo-sintácticas, anotándose concomitancias con fuentes luso-brasileñas.
La revista condensa una labor silenciosa, aunque sistemática, que robustece la cultura nacional.
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jueves, 25 de febrero de 2010

GOBELEANDO 2010

Nota 2
AGUA FLORIDA
Escribe Walter Ernesto Celina
waltercelina1@hotmail.com
16.02.2010

Existen palabras seductoras. Una de ellas, para mi, es Florida. De joven presté atención a la carismática calle porteña de tal denominación, tan reluciente en la gran ciudad.
Sin embargo, fue en otra, también llamada Florida, que en mis ojos infantiles comenzaron a grabarse vivencias entrañables: el camino a la escuela, el baldío de barrio, la luz de almacén, las vidrieras comerciales, los talleres con oficios hoy casi perdidos; las pelotas de trapo, los trompos, las cometas, las corridas en los juegos grupales.
En esta Florida, que partía casi al medio la ciudad de Mercedes (Soriano), atravesando el pequeño centro con su plaza, arracimaba casi una veintena de calles que la cruzaban. Sus extremos unían las vías de los vagones en descanso del ferrocarril y el puente de madera, tendido sobre el arroyo Dacá, en cuyos bosques el dominio colonial portugués escondía el magnificente castillo del Barón de Mauá.

Algunas vecinas tenían la fórmula del agua florida, con aromas de rosas o jazmines. Maceraban flores con gotas de algún aceite, que diluían en alcohol. También de polvos de arroz, perfumados.
Al Agua Florida le cantó, de modo singular, Fernán Silva Valdés (1887-1975), quien compusiera el tango homónimo, con música de otro animador de las festividades populares uruguayas: Ramón “Loro” Collazo.
Silva Valdés manejó su suave pluma como dramaturgo, narrador y poeta. Dio impulso a la corriente nativista uruguaya. En 1970 recibió el Gran Premio Nacional de Literatura.
Sus poemas iniciales fueron imbuidos por el modernismo. Su amplio registro lírico hizo que sus composiciones descriptivas se integraran a las primeras lecturas de la niñez..
Su cultivo del género popular tiene registros magníficos en tangos, milongas, valses, canciones criollas, cifras.
Sus versos fueron acompañados por la voz de Carlos Gardel (Clavel del aire, por ejemplo) o acompasados por la inspiración musical de Néstor (Acosta) Feria (En blanco y negro, cuyas estrofas comienzan indicando: Tuve tropilla de un pelo/ yo también, como el mejor…, las que devendrán en un dolor de amor).
De su huella perdurable queda la correspondencia que sostuviera con Benavente, Neruda, Alfonsina, Gabriela, L. A. de Herrera, Figari, Quiroga, Amorim, Torres García, E. Larreta, Regules, Gómez Cou, Dossetti, Alonso y Trelles, P. Blanco Acevedo, Vigil, S.C. Rossi, Sábato, B. L. Brum, Gallinal y otras celebridades.
Agua Florida es una estampa que cuelga como un estupendo cuadro descriptivo, con la fisonomía única del tango.

José Gobello, en Todo Tango, recuerda que la pieza fue una creación del cantor oriental Alberto Vila, quien lo grabó, con guitarras, el 2 de abril de 1928.
Manifiesta a continuación: Es inolvidable la versión que dejó Ángel Vargas, con la orquesta de D’Agostino, el 13 de noviembre de 1941. Y remarca: Aludiendo a esta composición declaró Silva Valdés: Yo quise llevar el tango un poco hacia atrás, hacia los buenos tiempos del tango primitivo criollo, y por eso evoqué el ambiente desaparecido de las academias, de las chinas almidonadas y de las medias lunas.
Trae a colación, luego, una descripción del ambiente de 1900, perteneciente a Manuel Gálvez, con las costumbres bailables imperantes hasta la irrupción del tango.

AGUA FLORIDA

“Agua Florida”, vos eras criolla./ Te usaban las pobres violetas del fango/ de peinados lisos, como agua’e laguna,/ cuando se bailaba alegrando el tango/ con un taconeo y una media luna./ Perfume del tiempo taura que pasó/ -pues todo en la vida ha de ser así-,/ cuando las percantas mentían que no/ mientras las enaguas batían que sí.

Chinas/ sencillas y querendonas,/ que al son de las acordeonas/ bailaban un milongón./ Chinas/ que oliendo a “Agua Florida”/ se metían en la vida/ a punta de corazón.

“Agua Florida”, vos eras criolla./ De cuando una viola tocaba de prima/ y otras las cuarteaban dando a las bordonas,/ y un ramo de taitas era cada esquina/ y la vida era linda y guapetona./ Vos eras del tiempo del gacho ladeao,/ de la mira airosa anclada en el bulín,/ del lazo en el pelo, del percal floreao/ y de la academia y del peringundín.
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martes, 16 de febrero de 2010

GOBELEANDO 2010

Nota 1
A PAN Y AGUA

Escribe Walter Ernesto Celina
waltercelina1@hotmail.com
10.02.2010
INTRODUCCIÓN
El maestro José Gobello preside la Academia Porteña del Lunfardo. Es, sin duda, el analista más erudito y relevante en aspectos principales de la historia del tango, la bella y nostalgiosa música que define tantos elementos comunes de la identidad de argentinos y uruguayos.
Biógrafo profundo de letristas, compositores e intérpretes, suministra desde hace décadas páginas imprescindibles de este capítulo de la música universal.
Los riquísimos antecedentes que ha recopilado permiten la valoración más exacta de lo que la UNESCO ha reconocido como patrimonio cultural de la humanidad (2009).
Su Todo tango –Letras de tango que cuentan historias (Ediciones Libertador – Buenos Aires) es una joyita de divulgación de la poesía de la ciudad.
Con esta obra, que apenas tiene un año, Gobello entra, con la puntillosidad del investigador avezado, en los archivos de una época signada por los perfumes del percal, los sueños de amor y vida y ciertas desesperanzas esclarecedoras.
El autor presenta datos cronológicos, autores y hechos, en una síntesis no exenta de referencias sociológicas y literarias.
Mis notas tangueras de 2010 las inicio con una breve serie que nominaré Gobeleando, en honor al eximio tanguista argentino, elaboradas en base a sus aportes singulares.
Por lo dicho, ir al encuentro de José Gobello es un verdadero privilegio.

UN RECUERDO CON MELANCÓLICOS DEJOS…
La expresión A pan y agua se interpreta como una condición inherente a la bohemia, en ese salto efímero consistente entre lo que se goza y se pierde, abriendo paso a la soledad y, aún, al abandono.
La frase puede aludir a la punición con que las policías bravas castigaban a un detenido, privándolo de la alimentación corriente.

La música del tango A pan y agua fue compuesta en 1920 por Juan Carlos Cobián (1899-1953).
Cabe establecer que fue un pianista excelso y renovador del tango. Formó parte de las orquestas de Genaro Espósito y Eduardo Arolas. Integró la suya, la que también fuera dirigida por Julio de Caro. Son de su autoría: Nostalgias, Niebla del Riachuelo, La casita de mis viejos, Shusheta, Los mareados y otros).
Enrique Cadícamo le aportó versos benévolos. Manifiesta Gobello que fue registrada para el disco en octubre de 1945, por un binomio que dejó huellas imborrables: el que integraran el vocalista Ángel Vargas con el director orquestal Ángel D’Agostino.
Cadícamo instala la escena en el viejo Palermo de entonces, en los recuerdos de las noches de verbena, en un amor y en un tango que viene de lejos a acariciar mis oídos, como un recuerdo querido, con melancólicos dejos.
He tenido oportunidad de escribir citando al entrañable Evaristo Carriego, tan respetado por Jorge Luis Borges. Los pasos de ambos surcaron el barrio bonaerense al que vuelve Cadícamo.
Don José Gobello rescata, para sus anotaciones sobre A pan y agua, algo de la prosapia palermitana, que matiza con pinceladas de Borges.

Fragmentariamente, de lo uno y lo otro, extraigo dos pasajes.
Dice Gobello: “El barrio de Palermo, nacido como una cuña de la pampa introducida en la ciudad, se extendía por los bajos y anegadizos terrenos ubicados entre el pueblo de Belgrano y el límite norte de la ciudad, que entonces no llegaba más allá de la Recoleta. No hay acuerdo sobre el origen de su nombre; algunos lo atribuyen al propietario de una chacra llamado Juan Domínguez Palermo, que se instaló en el lugar allá por 1600. Otros pretenden que se deriva de la advocación de una capilla que se erigía en las actuales esquinas de Las Heras y Malabia, donde se veneraba a San Benito de Palermo.
Este sector de la ciudad recibió un notable impulso cuando Juan Manuel de Rosas construyó una mansión, que rodeó de jardines y de un canal, por donde se podía navegar en bote entre hermosos cisnes. Sus opositores denominaban a este sitio la Versailles del Plata, en comparación sarcástica con la Versailles francesa, por la fastuosidad de la construcción y el absolutismo de quien lo habitaba…”

El siguiente segmento pertenece a Jorge Luis Borges (Buenos Aires, mi ciudad – Eudeba 1963): “Palermo era una despreocupada pobreza. La higuera oscurecía sobre el tapial; los balconcitos de modesto destino daban a días iguales; la perdida corneta del manisero exploraba el anochecer. Sobre la humildad de las casas no era raro algún jarrón de mampostería, coronado áridamente de tunas…
Hacia el poniente había callejones de polvo que iban empobreciéndose tarde afuera; había lugares en que un galpón del ferrocarril o un hueco de pitas o una brisa casi confidencial inauguraba malamente la pampa. O si no, una de esas casas petisas sin revocar, de ventana baja, de reja -a veces con una amarilla estera atrás, con figuras- que la soledad de Buenos Aires parece criar, sin participación humana visible. Después: el Maldonado, reseco y amarillo zanjón, estirándose sin destino desde la Chacarita y que por un milagro espantoso pasaba de la muerte de sed a las disparatadas extensiones de agua violenta, que arreaban con el rancherío moribundo de las orillas. Hará unos cincuenta años, después de ese irregular zanjón o muerte, empezaba el cielo: un cielo de relinchos y crines y pasto dulce, un cielo caballar.
Ahí se entristecía Palermo, pues las vías de hierro del Pacífico bordeaban el arroyo, descargando esa peculiar tristeza de las cosas esclavizadas y grandes; de las barreras altas como pértigo de carreta en descanso, de los derechos terraplenes y andenes. Una frontera de humo trabajador, una frontera de vagones brutos en movimiento, cerraba ese costado; atrás, crecía o se emperraba el arroyo. Lo están encarcelando ahora: ese casi infinito flanco de soledad que se acavernaba hace poco, a la vuelta de la truquera confitería La Paloma, será reemplazado por una calle tilinga, de tejas anglizantes…”


A PAN Y AGUA
Música: Juan Carlos Cobián, 1920 – Letra: Enrique Cadícamo, 1945

En mi triste evocación/ surge el tiempo que se fue./ ¡Cuántos años han pasado/ y parece que fue ayer…!/ ¿Dónde está la que amé…?/ ¿Dónde está la que olvidé…?/ El recuerdo me entristece y anochece en mi corazón…
Viejo Palermo de entonces/ hoy regresas a mi mente…/ ¡Cuántos amigos ausentes/ como yo recordarán/ esas noches de verbena,/ esas noches de alegría,/ y este tango que se oía/ entre copas de champán…
(Hablado)
A pan y agua…
Tango que viene de lejos/ a acariciar mis oídos/ como un recuerdo querido/ con melancólicos dejos…/ Tango querido de ayer,/ ¿qué ventarrón te alejó…?/ Junto con ella te has ido/ y hoy la trae tu evocación.


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sábado, 2 de enero de 2010

GOBELEANDO 3

LA BRONCA, PARIENTA DE LA LIBERTAD
Escribe Walter Ernesto Celina
waltercelina1@hotmail.com – 22.12.2009

Bronca, letra de Mario Batistella, data de 1962 y lleva música del cantante Edmundo L. Rivero, voz sobria y varonil del tango.
Precisa el investigador José Gobello que Rivero la interpretó en diversos lugares balnearios durante el verano de 1962-63, con la particularidad que al retornar a su labor en la Radio El Mundo, en marzo de 1963, se le informó que la irradiación de esa página había sido prohibida. Era presidente de la nación el Dr. José María Guido.”
En una precisa anotación -Todo Tango (págs. 65 a 67)-, Gobello proporciona el marco en que se da la interdicción.
Buenos Aires vivía en setiembre de 1962 un auténtico clima de guerra, siendo los militares colorados y azules quienes se disputaban la salvación del país…
El ascenso del general Onganía se daba en medio de combates en Plaza Constitución, Parque Chacabuco y Parque Avellaneda. Los azules le apoyaban: los colorados fueron derrotados. Guido oscilaba entre unos y otros. Saltó de su sillón.
En el medio radial la acción psicológica era instrumentada por el sociólogo José E. Miguens y por el periodista Mario Grondona.
La brutalidad pasó a ser ley. Los partidarios de Boca Juniors gritaban en las canchas: Melones, sandías/ a Boca no lo paran ni los tanques de Onganía.
Resume Gobello: En esta gran confusión, como dice el tango, llegamos al verano caliente (1962-1963), en medio de una gran sequía y con el aumento del costo de vida, en 50%, durante noviembre y enero. Entre rumores, contradicciones y ambigüedades, se quemaban los laureles que supimos conquistar y, como no podía ser de otra manera, la falta de democracia selló una vez más en canto de las gentes, prohibiendo la difusión de este tango en marzo.
Pocos años después, el dictador Onganía bendeciría al presidente Jorge Pacheco Areco, a bordo de una nave, en medio del gran río.
Como obsequio el pichón uruguayo recibiría una sofisticada metralleta.
El tango que se leerá se anticipó a aquel tiempo y su inicua prolongación: ¡Es la hora del asalto!, expresa un verso.
Mucho dolor y una bronca pertinaz, que aún recuperadas las libertades, levanta banderas de verdad y justicia.

BRONCA
1962

Por seguir a mi conciencia/ estoy bien en la palmera/ sin un mango en la cartera/ y con fama de chabón./ Esta es la época moderna/ donde triunfa el delincuente/ y el que quiere ser decente/ es del tiempo de Colón./ Lo cortés pasó de moda / no hay modales con las damas;/ ya no se respetan canas,/ ni las leyes ni el poder./ La decencia la tiraron/ en el tacho a la basura/ y el amor a la cultura/ todo es grupo, puro bluff.
¿Qué pasa en este país?/ ¿Qué pasa mi Dios?,/ Qué os vinimos tan abajo?/¡Qué tapa nos metió el año 62!
¿Qué pasa?/ ¡Qué signo infernal/ lo arrastra al dolor?/ Ya ni entre hermanos se entienden/ en esta gran confusión…/Que si falta la guita…/Que si no hay más lealtad…/¿Y nuestra conciencia,/ no vale eso más?
Pucha, ¡qué bronca me da/ ver tanta injusticia de la humanidad!
Refundir a quien se pueda/ es la última consigna/ y ninguno se resigna/ a quedarse sin chapar…/ Se trafica con la droga,/ la vivienda, el contrabando…/ Todos ladran por el mundo…/ Nadie quiere laburar./ Los muleros van en coche,/ Satanás está de farra/ y detrás de la fanfarria/ salta y baila el arlequín…/ ¡Es la hora del asalto!/ ¡Métanle que son pasteles!/ Y así queman los laureles/ que supimos conseguir.-