jueves, 24 de abril de 2008

CAFÉS DE DOS ORILLAS (II)

LAS PULPERÍAS Y EL POLO BAMBA
Escribe Walter Ernesto Celina
FORMAS DE LA SOCIABILIDAD URUGUAYA


He de manifestar que después de algunas horas de conversación con el eminente investigador e historiador que es Don Aníbal Barrios Pintos, es poco menos que imposible poner en la horma de una nota, los ricos contenidos de un diálogo en que a su calidad y amplitud, se agrega el componente de la amenidad.
Debo pues, reconocer la proverbial deferencia de quien acompaña mis inquietudes periodísticas concediendo su precioso tiempo para ilustrarme en temas históricos y sociológicos.
Como he sostenido, el Café Tortoni, de Buenos Aires, es un espacio emblemático en el Río de Plata. Tiene el privilegio de desafiar el tiempo. Vive y se proyecta.
El Polo Bamba y el Tupí Nambá -como otros- del Uruguay y, en especial, de Montevideo, cayeron. Dejaron, sin embargo, estelas perdurables.
Cuando en la Facultad de Derecho se fundara la cátedra de sociología, fue el Prof. Dr. Isaac Ganón quien reivindicó el papel gregario de estos establecimientos.
Sin duda es Aníbal Barrios Pintos, quien con la friolera de unas 50 obras publicadas sobre los pueblos orientales, sus costumbres, sus gentes y su historia, ha hecho los aportes más firmes y eruditos en la materia.

LAS PULPERÍAS Y UN RELATO DE CARLOS DARWIN

En una monografía que le fuera publicada, por la Editorial Acción S.A., en agosto de 1973, el académico se retrotrae a las pulperías, para hablar luego, con absoluta propiedad, del surgimiento de los cafés. Indica que ellas están el origen de los comercios de campaña, de los almacenes y de los bares de los barrios.

En 1832 Carlos Darwin arribó a Uruguay a bordo del Beagle. En tierra firme visitó localidades de Soriano, Lavalleja y otras. De una pulpería de Minas, es este relato: “Pasamos la noche en una pulpería o tienda de bebidas. Un gran número de gauchos acude allí por la noche a beber licores espirituosos y fumar. Su apariencia es chocante: son por lo regular altos y guapos, pero tienen impreso en su rostro todos los signos de la altivez y del desenfreno; usan a menudo el bigote y el pelo muy largos y éste formando bucles sobre la espalda. Sus trajes de brillantes colores, sus formidables espuelas sonando en sus talones, sus facones colocados en la faja a guisa de dagas, facones de los que hacen uso con gran frecuencia, dándoles un aspecto por completo diferente del que podría hacer suponer su nombre de gauchos o campesinos. Son en extremo corteses; nunca beben una copa sin invitaros a que los acompañéis, pero, tanto os hacen un gracioso saludo, como puede decirse que se hallan dispuestos a acuchillaros, si se presentara la ocasión.”

Señala Barrios Pintos que las pulperías ampliaron inorgánicamente las poblaciones circundantes. Sirvieron de posta de diligencias, de posada y de rudimentarios clubes sociales. Se jugaba a la taba y al sapo; fueron ámbitos para las riñas de gallos, y -hacia el norte- lugares para carreras de gatos, descriptas por el escritor Enrique Amorim.

HACIA EL POLO BAMBA

Según la guía Montevideo, de Horne & Wonner, publicada en 1859, los cafés existentes llegaban a 28. Datos de 1876, cuando adviene el dictador Latorre, indican que Montevideo poseía menos de 115.000 habitantes. El primer café y restaurante de lujo fue El Oriente, surgido, precisamente, en ese año.

La aparición del Polo Bamba aguardaría unos años más. Surgió el 25 de julio de 1885, ubicándose en la calle Colonia y Ciudadela. Lo fundó Francisco San Román. Había nacido en el Valle Minor, el 1º de marzo de 1861. Llegó al Uruguay con 11 años, trasladándose después a Santa Catarina (Brasil), donde se desempeñó en una hacienda exportadora de café. Del emprendimiento participaría también su hermano, Severino San Román.

Una nota aparecida en la Tribuna Popular, de fecha 13 de marzo de 1886, ensaya una explicación del nombre Polo Bamba, citada por Barrios Pintos, aunque no admitida o confirmada. Tiene, sin embargo, un valor de aproximación. La transcribo:“Tal vez suponiendo San Román que el valor, la fuerza y robustez proverbial de los indios Polo-Bamba, dimanaba del uso que hacían del café, mucho antes de ser conocido en Europa, habrá querido levantar un monumento a la memoria de aquellos valerosos indios, o decirnos a los aficionados del café: -Sepan Uds. que llegué a descubrir el secreto o procedimiento que empleaban los Bambas para la torrefacción del café y, por consiguiente, sólo aquí podrán tomar tan delicioso licor, con todas las maravillosas virtudes terapéuticas que contiene.”

CENÁCULO DE INTELECTUALES Y POLÍTICOS


Alberto Zum Felde, quien analizó, desde el punto de vista de las ciencias sociales, la significación del Polo Bamba, lo caracterizó como un “café literario”, que configuraría un “fenómeno nuevo de nuestro ambiente”, aunque “posterior al iniciado en Buenos Aires, al estilo de los más famosos de París”.
La lista de contertulios, según investigara Aníbal Barrios Pintos, se integró, entre otras, con personalidades de este porte: Florencio Sánchez, Horacio Quiroga, Armando Vasseur, Roberto de las Carreras, Ernesto Herrera, Emilio Frugoni, Alberto Zum Felde, Ángel Falco, Leonelo Lasso de la Vega, Paul Minelli, Alberto Lasplaces, Ovidio Fernández Ríos, Carlos María Vallejo, Natalio Botana, Edmundo Bianchi, José G. Antuña, Medina Bentancort, César Mayo Gutiérrez. No faltan crónicas que agregan más nombres: Batlle y Ordóñez, Manini Ríos, Lagarmilla, Pérez Olave, Schinca, Agorio, Arturo P. Visca, Carlos Balsán.
Las mesas del Polo Bamba fueron frecuentadas por la anarquista española Juana Ruoco Buela. Ella recuerda la presencia de Adrián Troitiño y del librero Orsini Bertani, cuyo comercio fue, asimismo, tertulia literaria.
El 8 de octubre de 1913, El Día daba cuenta en una crónica: “Anteayer cerró sus puertas el Polo Bamba y pronto la piqueta de los demoledores echará por tierra las paredes de la casa que uno tomó como familiar refugio de la bohemia.”

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