sábado, 22 de diciembre de 2007

EL TANGO EN EL GRAMMY LATINO

Escribe Walter Ernesto Celina


Cosa rara. Cuando se discernió el último Grammy Latino al mejor disco de tango, el director no estaba en la ceremonia.
El uruguayo Raúl Jaurena, bandoneonista y conductor orquestal, ha vivido veinte años en el Isla Margarita (Venezuela) y otros veinte en los Estados Unidos. Hoy reside a pocos minutos de Manhattan.
¿Dónde estaba el músico mientras centelleaba su nombre en la ceremonia musical en que se reconocía la calidad de sus trabajos?
Lejos. Tan lejos, como tan cerca nuestro: en Montevideo.
Es que Raúl Jaurena tiene la responsabilidad de llevar adelante el proyecto en marcha de una orquesta profesional juvenil de tango. Estaba a punto de exhibirla en la Sala Zitarrosa.

Pero, vayamos por partes.
No hace mucho Jaurena, junto con el quinteto Sinopus, montaron un exitoso espectáculo denominado Te amo tango. El grupo, integrado por Lya Pérez y Alejandra Moreira en violines, Stella Maris González en viola, Lucrecia Basaldúa en violoncello y Sergio Mouro en contrabajo, obtuvo suceso. El piano lo había ejecutado Octavio Brunetti, en tanto la vocalización fue realizada por Marga Mitchell, venezolana, esposa del director.
A modo de recuerdo, en el teatro y con apenas tres micrófonos, se registraron varios temas.

En algún momento, la cinta fue escuchada en los estudios de la productora Soundbrush Records, la que lanzó un campacto con 14 títulos.
De ahí al Grammy hubo un trecho. Lo cierto fue que el trabajo impactó y triunfó.
En oportunidades anteriores el bandoneonista Raúl Jaurena había estado nominado para el título, apareciendo como una personalidad destacada del mundo musical.
El reconocimiento internacional se produjo en la instancia en que el director se aprestaba en Montevideo a exhibir la orquesta Destaoriya, auspiciada por la Fundación Cienarte. Se trata de una formación estrictamente juvenil y tanguera.

En un reportaje, concedido al periodista Fernando Manfredi, entre otras cosas, señalaba Jaurena: “los muchachos que integran la orquesta están becados con remuneración”. Para el director importa mucho la noción que no se es sólo profesional por el hecho de actuar regido por un arancel. “Lo que importa -ha dicho- es el comportamiento, que la labor sea de calidad y se demuestre respeto al público.”
Ha agregado, asimismo, que “el tango no es patromonio sólo del bandoneón, del violín o del piano. Si tocas bien el fagot, el corno o el trombón ¿por qué no puedes tocar el tango? Si se aprende el estilo, ya está.” Por esta razón, añade, “la orquesta juvenil se maneja con un criterio abierto, también en lo instrumental”.
A propósito, el núcleo Destaoriya reúne tres bandoneones, tres violines, bajo, piano, fagot, clarinete y xilofón. Los miembros tienen edades que oscilan entre los 16 y 20 años.
En cuando a la razón del éxito alcanzado, el bandoneonista uruguayo recuerda cuál es la clave: “A la música hay que meterla dentro de uno, procesarla y darla. Es cariño y amor. A veces, las cosas sentidas son las más importantes.”
Volviendo al Grammy Latino, Raúl Jaurena señala que el premio es el resultado de muchos años de trabajo severo, en un medio muy competitivo como el norteamericano. “Hemos logrado que reconozcan al tango. No es un tango sofisticado, ni “for export” y a ellos les gusta así. Mi señora lo canta en español y realiza algunos en inglés. Y los tipos se cautivan. De hecho, en la ciudad de Nueva York, hay milongas todas las noches, en distintos puntos. Allí los estadounidenses van y bailan el tango.”
Parecería que el embrujo que sembrara Carlos Gardel, en la década del 30 del siglo XX, floreció en el corazón de la gran urbe.


waltercelina1@hotmail.com

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