lunes, 14 de noviembre de 2011

TANGOS EN LA TERAPIA NEFROLÓGICA

Escribe Walter Ernesto Celina
walter.celina@adinet.com.uy – 08.11.2011


Puede que para muchas personas resulte extraño asociar la medicina nefrológica con el tango, la música que echara a andar antes del pasado siglo y cautivara al Río de la Plata, al resto de la América Latina y abriera un gran espacio en países europeos, llegando a los estudios fílmicos de Estados Unidos.
Sin embargo, no debiere considerarse sorpresiva la existencia del vínculo, en función de algunos antecedentes, a los que me remitiré de manera sucinta.

Anoto, a modo de precisión preliminar, varios conceptos.
La palabra medicina proviene del latín (mederi), lengua en que significa curar, cuidar, medicar. Se le caracteriza como ciencia y arte que trata de la curación y la prevención de la enfermedad, así como del mantenimiento de la salud. La nefrología es la rama especializada en el estudio del riñón. Terapéutica refiere al tratamiento de las enfermedades.
Desde épocas remotísimas, la música ha acompañado la evolución de la sensibilidad del hombre, integrándose a filosofías, credos, ritos, solemnidades y, en la modernidad más actual, al entretenimiento individual y colectivo, a los espectáculos de masas concentradas y a los escenarios globales, conectados bajo las tecnologías de la comunicación instantánea.
La musicología, como disciplina académica, expande su campo de investigación, más allá de los procedimientos técnicos y propósitos estéticos, para apreciar los efectos en el psiquismo de los sujetos, circunstancia esta que en occidente tuvo muestras relevantes en las políticas religiosas.
Mucho más atrás, hace 2.500 años, la cultura en China estuvo centrada en las enseñanzas del filósofo Confucio. La composición acústica era concebida como un medio para “calmar las pasiones y asegurar la armonía pública”, pero no orientada a la distracción o el recreo. Era un segmento de los rituales monárquicos.
En otras regiones, la interpretación melódica no debía servir al ocio sino a la purificación del pensamiento de cada uno. Algo relativo al bienestar interior del sujeto.
En Grecia, el sabio Pitágoras (530 a.C.) y su escuela buscaron conciliar la vieja visión mítica del mundo con el interés por una explicación científica. El sistema de filosofía resultante -el pitagorismo- aunó creencias éticas, sobrenaturales y matemáticas. Los pitagóricos sostenían que el alma está prisionera del cuerpo y se reencarna a la muerte, con sujeción al grado de virtud alcanzado.
A ellos correspondió descubrir las leyes matemáticas del tono musical. Sostuvieron que el movimiento planetario produce una “música de las esferas”, existiendo una “terapia a través de la música”. Por estos enlaces la humanidad lograría encontrar su compatibilidad con el mundo exterior.
La salud supone la idea de armonía, tanto al interior del individuo, como hacia su externidad.
En nuestras riberas, hace pocas décadas, la pedagoga tucumana Violeta Hemsy de Gainza -considerada una autoridad en educación musical-, ha sido cofundadora de la Asociación Argentina de Musicoterapia. La entidad añade a la ciencia el arte del sonido armónico, dirigiéndose a restablecer un grado de equilibrio para el buen funcionamiento del organismo.
Y, a todo esto, el tango es convocado, también, al mundo de la músicaterapéutica.
La inteligencia en medicina, tiene una modalidad superior y es la sabiduría con que un profesional actualizado puede combinar los métodos de ciencia con otros -como los rítmicos-, para producir mejoría y recuperación.
El Dr. Gerardo Pérez es médico nefrólogo y bandoneonista. Admitiendo la rigurosa disciplina que implica la diálisis para un enfermo, concibió la posibilidad de acompañar sus sesiones médicas ejecutando tangos. Comprobó que este aditamento eleva el estado de ánimo de los pacientes. Unos reconocen los temas, otros los tararean y no faltan quienes cantan las letras. Recuerdan momentos vividos en bailes y fiestas y lo hacen con alegría, sin perturbación emotiva.
La musicoterapia tanguera ha dejado de ser una experiencia en una determinada clínica.
Ahora el médico uruguayo ensambla su orquesta con otros colegas, a la que han denominado “Buena Praxis”. Abrigan el propósito no sencillo de llegar a los hospitales.
El galeno tanguero está en obra con otros profesionales y, con sus pacientes, promueven ámbitos de restablecimiento disfrutables.
Ahora en los consultorios desfilan las partituras, siempre queridas, de Canaro, Troilo, Piazzolla y otros célebres, saludados con la sonrisa amiga del hombre del gacho gris: ¡Don Carlos Gardel!

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