sábado, 16 de marzo de 2013

EL LUNFARDO LLEGA A LA CAPILLA SIXTINA


Escribe Walter Ernesto Celina
16.03.2013
Las religiones no forman parte de mi credo. Sin  embargo, han ocupado y continúan siendo parte  de mis reflexiones y análisis. No para la situación a que me referiré, que rozaré apenas incidentalmente. El andarivel ahora escogido es, en cierto modo, inusitado.
A veces resulta difícil escindir los perfiles políticos medulares de ciertas personalidades de algunas de las predisposiciones con que públicamente se muestran. Al punto que estas -muchas veces- encubren las primeras.
Me referiré a quien acaba de acceder a la butaca vaticana: el prelado argentino Jorge Bergoglio, que se identificará en su nuevo rango como Francisco I.
Este hombre ha sostenido que “el aumento de la pobreza tiene sus causas en políticas inspiradas en formas de neoliberalismo que consideran las ganancias y las leyes de mercado como parámetros absolutos en detrimento de la dignidad de las personas y de los pueblos.” Se ha manifestado opuesto a la despenalización del aborto bajo ciertas condiciones, así como al matrimonio homosexual. Se le sospecha de benevolencia hacia la dictadura militar de los Vidella. La secretaria papal lo ha desmentido, atribuyendo los cargos a la “izquierda anticlerical”. El periodista Horacio Verbitsky lo vuelve a acusar desde el diario argentino Página 12. El ex sacerdote y Premio Nobel Pérez Esquivel lo exculpa. Teólogos de la liberación lo miran con indulgencia. Un capítulo bastante cercano tiene que ver con su postura a favor del sector económico del ruralismo, contra propuestas redistributivas kirchneristas.
Escenas muy contradictorias, sobre las que parecen caer las hojas de un  libro olvidado: “La historia política de los papas”, del Dr. Celedonio Nin y Silva (1), sin borrar actos menos antiguos, protagonizados por Pío XII o Juan  Pablo II.
Bajo las fabulosas escenas renacentistas, que miraban como testigos mudos desde las paredes de la Capilla Sixtina, un puñado de representantes de varias nacionalidades -con ausencia total del voto popular-, sufragaron en secreto para ungir Papa a un cura de la latitud platense. Algo bien extraño a la tradición de la Iglesia Católica Apostólica Romana.
Además de lo ya descripto, el ahora Papa Bergoglio aúna el haber deambulado por barrios pobres, ser partícipe de fiestas futboleras y eventos populares en los que el tango campeaba, teniendo la costumbre criolla de tomar mate.  
En medio de estas circunstancias, que encienden el espíritu religioso de la comunidad católica, el periodista argentino César Tamborini Duca (radicado en España y responsable del portal www.pampeandoytangueando.com) puso proa al lunfardo y dedicó al novel pontífice el poema que se leerá.
Me parece interesante rescatar esta forma de construcción en poesía y el manejo de términos originales que van escapándose del uso frecuente.
Del texto no comparto que Gardel tuviera una nacionalidad ajena a la uruguaya y me abstraigo de la cuestión propiamente religiosa.
Así entró nuestro lunfardo en la hermosa Capilla Sixtina:


POEMA PARA FRANCESCO I   
Decíme vos, che, Bergoglio
quién te nominó pa’ Papa
batí por Dios si Jesús
intercedió ante su viejo.
Vos tenés la rea estampa
que Discepolín creó,
la misma que Homero vió,
y el payador de la Pampa.
Parlá en latín con los gringos
y en lunfardo con los reos
que el canto del benteveo
sobre el lomo de los toros
mancuse de todos modos:
tu trajinar con los pingos
como Gardel, que era gringo;
tus veleidades tangueras
con cortes y con quebradas;
y tu Santo que en el fóbal
fue un cura que se apodaba
Lorenzo, y en Boedo estaba
-un barrio fenomenal-.
Balconeando directrices
de San Ignacio apostaste
en defender la moral
que estaba como en corral
y por eso te jugaste
la partida sin matices:
¡a una sola carta envido,
al pobre ayudo y convido!
Baten que Dios convino
en proclamarse argentino,
por eso creó a Gardel
y a Evita, con mucho tino,
a Fangio le dio cartel,
a Diego mano bendita
y a Messi en agua bendita
lo bautizó goleador.
A vos Bergoglio te puso
de gaucho para el rebaño,
pa’ impedir que le hagan daño
con pensamientos obtusos
los maulas que con dinero
arremeten contra el pobre
-afanándoles los cobres
que gana con su sudor-
como negando valor
al pan que dará a sus hijos
el mismo que Dios bendijo
y el malandra con sus vicios
de furcador insolente
-guante blanco e indolente
le arrebata con codicia-
pa’ conseguir con astucia
guillando en maniobra sucia
su cabalete a la gurda.
Tené cuidado ¡dequera!
del gárrulo, mancusador
que en la primera ocasión
sin “arzobispo” ni “cabra”
caloteará sin rubor
al belinún farabute.
Y ayudá a los poligriyos
que forman el sabalaje
da lo mismo que sea grela
o el cusifai sea garabo
que cuando aprieta la hambruna
no elige rubio ni bruna,
haiga sol, esté la luna
labre surcos con su arado
haga fiaca o esté en vela
da igual, el que se desvela
pensando en su triste sino,
que el que solo piensa en vino
y al palenque ata su pingo
del boliche los domingos.
Yo no te quiero esgunfiar
pues que te estriles no quiero,
vivimos momentos fieros
y vos sabrás comprender
que solo pido porfiar
para un camino emprender
con amor y con justicia;
que se acaben los corruptos
ladrones que en modo abrupto
promueven vida ficticia
actuando con estulticia.

Algunos términos lunfardos:
MANCUSAR:  Hablar    /    BALCONEAR: ver, observar    /    BATIR: decir, delatar    /    MAULA: cobarde    /
AFANAR: robar    /    MALANDRA: delincuente    /    FURCADOR: ladrón (utiliza la maniobra de ‘furca’, del it. horca)   /
GUILLAR: robar dinero con engaños   /   CABALETE A LA GURDA: bolsillo lleno  /  DEQUERA: advertencia ¡cuidado!   /
GÁRRULO: charlatán    /    ARZOBISPO: cortafrío    /    CABRA: palanquita    /    CALOTEAR: robar, estafar    /
BELINÚN: papanatas, tonto    /    FARABUTE: informal, insignificante// alcahuete,     /    POLIGRIYO: hombre pobre   /
SABALAJE: conjunto de gente de baja condición social (de “sábalo”, pez de carne poco apreciada)  /  GRELA: mujer  /
CUSIFAI: persona innominada (de la conjunción de “coso” y el it. “fai”)    /    GARABO: hombre  /  FIACA: desgano     /
ESGUNFIAR: fastidiar    /    ESTRILARSE: enojarse

Nota:
(1): Ilustre anotador y comentarista del Código Civil de Uruguay

miércoles, 28 de noviembre de 2012

LOS ATRIBUTOS DE “EL LEÓN DEL NORTE”


Escribe Walter Ernesto Celina
24.11.2012

Un jurado presidido por el reputado investigador Prof. Dr. Guillermo Dighiero e integrado por gente de la cultura nacional acaba de conferir el Gran Premio a la Labor Intelectual 2012 a dos personalidades notorias: Washington Benavídes en letras y Rodolfo Gambini en ciencia.
El galardón se discierne cada tres años a quien o quienes se hayan destacado a lo largo de su vida por actividades de especial relevancia para el país.
Conviene recordar quién es quién, para después ingresar a un terreno inédito, cual será la faceta distintiva de la nota.

Cambio el orden arriba enunciado para establecer que Rodolfo Gambini es licenciado de la Facultad de  Ciencias de la Universidad de la República y doctor en Física Teórica en la Universidad de París XI  e Instituto Henri Poincaré. Ejerce en Uruguay como profesor titular de la Facultad de Ciencias y dirigió el Programa para el Desarrollo de las Ciencias Básicas (PEDECIBA), entre 2001 y 2008. Forma parte de las Academias de Ciencias Exactas y Naturales de Buenos Aires, de Ciencias de América Latina y de Ciencias del Tercer Mundo. En su especialización, la teoría de los campos cuánticos, unificación de la relatividad general y la mecánica cuántica, se le reputa como autoridad mundial. Es autor de más de 110 publicaciones científicas.
Washington Benavídes, por su parte, fue  profesor de literatura en la  enseñanza media y universitaria y de arte; crítico, ensayista y maestro. Músico y poeta, con un gran caudal de libros editados. El primero de ellos, “Tata Vizcacha”, vio luz en Tacuarembó en 1955. A los pocos días, los ejemplares fueron requisados y quemados en la plaza principal por una horda inquisitorial.¡Había cometido el pecado de satirizar a políticos de la localidad! Lo demás, fue macartismo puro.
Su pluma registró temprana aparición en la mítica revista mercedaria “Asir”, del venerado círculo compuesto por Lockhart, Peduzzi, Klinger y Bordoli.
       No fue casual que en el período militar coadyuvara a la vigorización del “canto popular”, una de las expresiones de afloración de la resistencia democrática
Sus poemas cobraron fuerza viva en voces como las de Zitarrosa, Darnauchans, Viglietti, Moraes, C. Benavídez, Larbanois-Carrero y otros.
Bajo el imperio de las sombras, entre 1973 y 1984, la vieja Radio Nacional, CX 30, que fuera de Don Miguel Svirsky, iluminaba como un faro. José Germán Araújo amparó a periodistas abnegados y valientes. Y, como nadie en aquel Uruguay, jugó un papel principalísimo. Con José Germán estaban Efraín Chury Iribarne, Alfredo Percovich, Milton Schinca y más.

No conocía al Prof. Benavídes, salvo por su fama de buen docente y poeta inspirado. En la aproximación al núcleo radial, Chury estimuló mi participación. Pasé a cooperar en un programa de comunicaciones jocosas. Nos ingeniábamos para poner entre col y col y con cuidado alguna expresión de aliento libertario. Fue cuando en unos cruces amistosos, estallaron contrapuntos a los que como duelista se integró Washington Benavídes, con enorme manejo de estilo. Fraternamente lo bautizamos como “El león del norte”, en alusión a sus tesituras bravías de sus retruques chispeantes. 
Chury Iribarne, hace un par de años me dijo: “¿Te acordás cuando aquel mediodía azuzamos al “León del Norte” y se vino para la radio? ¡Cómo se apasionó!”
Nadie estaba de fiesta. El asunto era poder hacer algo estimulante. No nos veíamos siquiera las caras. Mi hijo Ernesto Camilo, escolar, llevaba las misivas al campo sitiado de “la 30”. Cada cual, a su modo, hacía lo que tenía que hacer.
Benavídes, más que el talentoso poeta, era el ciudadano. No en vano en su solar y en la capital lo han distinguido con la nota de “ilustre”, que por todo bien merece.
El autor de “Tata Vizcacha” hace unos días volvió a su querida comarca y a la plaza del terrible agravio. Agradeció el homenaje público. Recibió un ramo rebosado por el aroma de los jazmines del país. Al retirarse, en silencio, encaminó sus pasos y lo  depositó donde las llamas habían consumido sus letras.
El ciudadano, como siempre, estaba honrando sus fueros Y los de todos.


domingo, 7 de octubre de 2012

VIVALDI Y PIAZZOLLA JUNTOS EN EL TEATRO “SOLÍS”


Escribe Walter Ernesto Celina
walter.celina@adinet.com.uy  - walter.celina.hotmail.com -19.09.2012

Un repertorio inusual, de auténtica jerarquía artística, unió a dos compositores separados por un tiempo de dos siglos y medio.
Las 8 Estaciones  llegaron al Teatro “Solís” transportadas por el Ballet Contemporáneo del Teatro San Martín, de Buenos Aires.
Las Cuatro Estaciones de Antonio Vivaldi (1678-1741)  y las Cuatro Estaciones Porteñas de Ástor Piazzolla (1921-1992) no se conjuntaron por un golpe de azar.
Tienen un prolegómeno muy interesante. La fusión de las dos obras musicales había excitado la imaginación del experto musicólogo ucraniano Leonid Desyatnikov, director del Teatro Bolshoi, de Moscú. Pero fue Mauricio Wainrot, director del ballet porteño, quien en el año 2000 encontró, en Amberes (Bélgica), un disco compacto con las 8 Estaciones. La grabación correspondía al violinista Gidon Kremer. El hallazgo fascinó al coreógrafo, quien se dio a la labor de diseñar una danza moderna, armonizada con las dos notables partituras.
Sobre aquella interpretación, montó el espectáculo que moviliza unos treinta bailarines de ambos sexos, más maestros en técnicas clásicas y modernas, coreógrafos asistentes, videístas e iluminadores y una plantilla de otros especialistas. El equipo cuenta, como directora asociada, con la prestigiosa figura de Andrea Chinetti.
Eludo enunciar el impresionante currículum profesional de Wainrot. Destaco la movilización constante de una hora y diez minutos en que el elenco, de modo casi perfecto, realiza bellísimos movimientos. Ora trasuntando la intensidad de los tiempos en que Vivaldi como Piazzolla aplican sus soberbias energías, ora desatando inolvidables tersuras melódicas.
La Primavera vivaldiana -con su allegro inicial- abre el juego, siguiéndoles, por este orden: los Veranos, el de Piazzolla y el de Vivaldi; los Otoños, primero el porteño y luego el itálico; después los Inviernos -en igual forma- y, finalizando la Primavera, con toda la compañía, en un momento fulgurante.
La temática signada por este Opus 8, desde el nuevo milenio había imantado a la Orquesta de Cámara de la Scala de Milán, la que llevó estos sonidos a varios países europeos.
Ahora el ensamble del Teatro San Martín rompió aquel molde, con este trabajo pionero.
Incluidos en 1725 dentro de la antología El desafío de la Armonía y de la Invención, los cuatro conciertos de Vivaldi son considerados pilares de la música clásica. El compositor describe en estas piezas fases de la naturaleza que aluden a los despertares y se tensan en las hostilidades. Las Cuatro Estaciones Porteñas de Piazzolla se escribieron entre 1964 y 1970. Reúnen elementos propios del tango, ritmos de jazz y acentos clásicos. Si la música es un bien universal, digamos también que esta contribución bonaerense, universaliza la emoción y magia de lo rioplatense.-


jueves, 15 de diciembre de 2011

EL TANGO SE MIRA A SÍ MISMO

Escribe Walter Ernesto Celina
walter.celina@adinet.com.uy – 10.12.2011

El tango, expresión de la sensibilidad rioplatense, se expandió por las riberas del mundo occidental por mérito propio y, ya crecido y consolidado, ha sido llevado a la categoría de patrimonio inmaterial de la humanidad por la UNESCO, la rama de Naciones Unidas especializada en asuntos de la cultura, la ciencia y la educación.
Es un tríptico que concertando melodía, canto y danza, desborda sus componentes para asociarse con la poesía. En tres minutos, o poco más, forja una elaboración artística, inconfundible y nada común con las músicas de los pueblos.
¿Se muere el tango?
Interpreto, a despecho de la prestigiosa opinión de Rodolfo Mederos, gran músico argentino, que como producto vivo, enraizado en la savia del colectivo rioplatense, tiene la propiedad de la permanencia en el cambio. Cual si se tratara de un majestuoso árbol que amplía sus brazos, florando para nuevos frutos.
Es que si la sociedad cambia, todo lo que de ella dimana, sufre transformaciones.

Las músicas más sofisticadas -conocidas como clásicas- no provienen de actos mágicos. Los golpes significativos de personalidad siempre exhiben determinados soportes inherentes a las comunidades en que se originan.
Para citar apenas un nombre pionero, el de Ástor Piazzolla -en una galaxia de artistas tantas veces olvidados-, diría que, con él, el tango cobra valor y enjundia clásica. Sobre las estructuras más transitadas surge otra, con variantes, que enaltece a la anterior y no la desmiente.
En un reportaje concedido a Laura Falcoff, en la Buenos Aires de siempre, Mederos que es un discípulo creativo de Piazzolla, confesaba una decepción compartible: “no creo que puedan volver los músicos, ni los poetas de otras épocas.” Tan entendible que, como él sostiene, todo “ha cambiado de manera sustancial”.
Sin embargo, existe un mundo irreductible, formado por las orquestas, cantantes y poetas que integraron los capítulos vigorosos de esta música, que siguen proporcionando deleites y ofreciendo sus historias para amplísimas reflexiones que, por comodidad, llamaría históricas o sociológicas.

Juan Campodónico es un joven músico uruguayo, fundador de lo que inicialmente se denominó Bajofondo Tango Club, hoy trasmutado en sonido Bajofondo.
A los compases tangueros sumó voces, como las culminantes en la transmisión de un evento futbolístico.
¿Eso era tango? ¿Y por qué no? Para algunos un tango peculiar, con mucho de objeto en un banco de pruebas.
Entrevistado por Alejandra Volpi, manifiesta este cultor -vinculado a agrupaciones de géneros populares distintos-, que “a veces la música es más poderosa que el mismo marco social”, añadiendo que “la belleza está en todos lados. “Con Bajofondo -reconoció- retomamos los gestos del tango que eran cosas propias de generaciones anteriores”. Rememoró que “el tango nació en los burdeles; originalmente tenía una forma rústica y eso fue cambiando. Por suerte, hubo gente poco prejuiciosa, de lo contrario, hubiera quedado ahí.”

Hace algunas semanas el mítico Mariano Mores estuvo en Montevideo, acompañado de su sexteto, vocalistas y de su entrañable familia.
Le revelaba al colega Carlos Reyes que fue en Montevideo donde sacó patente de compositor y que, su recordado Cuartito Azul lo consagró, como su primer éxito, en esta ciudad.
Luego vendrían Gricel, Uno, Cafetín de Buenos Aires y, como para compartir un sitial de privilegio con La Puñalada (de Pintín Castellanos), la magistral milonga Taquito Militar.
Marianito, con 93 dinámicos años, está en un punto indisputable del tango-canción. ¿Y cómo lo vive? Sin escepticismo alguno. “Lo primordial -aprecia- es la música en su conjunto”. Ella necesita “un color, una suerte de gusto y de romanticismo, que no deja de pasar por la vida de uno”. Quizás, de este modo, sea porqué sus elaboraciones en el pentagrama hacen simbiosis con letrísticas que tocan el alma. Tienen la propiedad de ir de generación en generación. Son trozos de roca dura de un tango más que cincuentenario. Flor que no desvanece su aroma.

El tango vive. No tiene partida de defunción.
Es algo así como una belleza cervantina, incapaz de negar los mundos mágicos de los García Márquez.
Sigue siendo “Lo que vendrá”, sentenciaría el maestro Ástor Piazzolla.

(Citas: “El País”, Uruguay, 17.06, 16.07 y 06.11 de 2011)

lunes, 14 de noviembre de 2011

TANGOS EN LA TERAPIA NEFROLÓGICA

Escribe Walter Ernesto Celina
walter.celina@adinet.com.uy – 08.11.2011


Puede que para muchas personas resulte extraño asociar la medicina nefrológica con el tango, la música que echara a andar antes del pasado siglo y cautivara al Río de la Plata, al resto de la América Latina y abriera un gran espacio en países europeos, llegando a los estudios fílmicos de Estados Unidos.
Sin embargo, no debiere considerarse sorpresiva la existencia del vínculo, en función de algunos antecedentes, a los que me remitiré de manera sucinta.

Anoto, a modo de precisión preliminar, varios conceptos.
La palabra medicina proviene del latín (mederi), lengua en que significa curar, cuidar, medicar. Se le caracteriza como ciencia y arte que trata de la curación y la prevención de la enfermedad, así como del mantenimiento de la salud. La nefrología es la rama especializada en el estudio del riñón. Terapéutica refiere al tratamiento de las enfermedades.
Desde épocas remotísimas, la música ha acompañado la evolución de la sensibilidad del hombre, integrándose a filosofías, credos, ritos, solemnidades y, en la modernidad más actual, al entretenimiento individual y colectivo, a los espectáculos de masas concentradas y a los escenarios globales, conectados bajo las tecnologías de la comunicación instantánea.
La musicología, como disciplina académica, expande su campo de investigación, más allá de los procedimientos técnicos y propósitos estéticos, para apreciar los efectos en el psiquismo de los sujetos, circunstancia esta que en occidente tuvo muestras relevantes en las políticas religiosas.
Mucho más atrás, hace 2.500 años, la cultura en China estuvo centrada en las enseñanzas del filósofo Confucio. La composición acústica era concebida como un medio para “calmar las pasiones y asegurar la armonía pública”, pero no orientada a la distracción o el recreo. Era un segmento de los rituales monárquicos.
En otras regiones, la interpretación melódica no debía servir al ocio sino a la purificación del pensamiento de cada uno. Algo relativo al bienestar interior del sujeto.
En Grecia, el sabio Pitágoras (530 a.C.) y su escuela buscaron conciliar la vieja visión mítica del mundo con el interés por una explicación científica. El sistema de filosofía resultante -el pitagorismo- aunó creencias éticas, sobrenaturales y matemáticas. Los pitagóricos sostenían que el alma está prisionera del cuerpo y se reencarna a la muerte, con sujeción al grado de virtud alcanzado.
A ellos correspondió descubrir las leyes matemáticas del tono musical. Sostuvieron que el movimiento planetario produce una “música de las esferas”, existiendo una “terapia a través de la música”. Por estos enlaces la humanidad lograría encontrar su compatibilidad con el mundo exterior.
La salud supone la idea de armonía, tanto al interior del individuo, como hacia su externidad.
En nuestras riberas, hace pocas décadas, la pedagoga tucumana Violeta Hemsy de Gainza -considerada una autoridad en educación musical-, ha sido cofundadora de la Asociación Argentina de Musicoterapia. La entidad añade a la ciencia el arte del sonido armónico, dirigiéndose a restablecer un grado de equilibrio para el buen funcionamiento del organismo.
Y, a todo esto, el tango es convocado, también, al mundo de la músicaterapéutica.
La inteligencia en medicina, tiene una modalidad superior y es la sabiduría con que un profesional actualizado puede combinar los métodos de ciencia con otros -como los rítmicos-, para producir mejoría y recuperación.
El Dr. Gerardo Pérez es médico nefrólogo y bandoneonista. Admitiendo la rigurosa disciplina que implica la diálisis para un enfermo, concibió la posibilidad de acompañar sus sesiones médicas ejecutando tangos. Comprobó que este aditamento eleva el estado de ánimo de los pacientes. Unos reconocen los temas, otros los tararean y no faltan quienes cantan las letras. Recuerdan momentos vividos en bailes y fiestas y lo hacen con alegría, sin perturbación emotiva.
La musicoterapia tanguera ha dejado de ser una experiencia en una determinada clínica.
Ahora el médico uruguayo ensambla su orquesta con otros colegas, a la que han denominado “Buena Praxis”. Abrigan el propósito no sencillo de llegar a los hospitales.
El galeno tanguero está en obra con otros profesionales y, con sus pacientes, promueven ámbitos de restablecimiento disfrutables.
Ahora en los consultorios desfilan las partituras, siempre queridas, de Canaro, Troilo, Piazzolla y otros célebres, saludados con la sonrisa amiga del hombre del gacho gris: ¡Don Carlos Gardel!

lunes, 29 de agosto de 2011

ÁSTOR PIAZZOLLA O LA REVOLUCIÓN EN EL TANGO

Escribe Walter Ernesto Celina


Nacido Ástor Piazzolla en la ciudad atlántica de Mar del Plata (provincia de Buenos Aires), transitaría hoy los 90 años.
Su genio musical vive con intensidad, mostrándolo como un gran maestro, artífice de una nueva esencia tanguera. Fue en 1992 que simuló enfundar su bandoneón, para convertirse en sustancia íntima de la mega ciudad.
Hijo de inmigrante, él también lo fue. Residió en Estados Unidos hasta los 14 años (1922-1936). Allá, un amado Nonino puso sobre sus flacas piernas el instrumento de pliegues.
Por designio paterno debía amigarse con Mozart. Tan alto mandato lo cumplió a su modo. Mancomunó alma y pentagrama y dominó la técnica del acordeón germano-platense.
Atrapó la vivacidad y tristeza que impregnaba las melodías negras neoyorkinas. Frecuentó en el país lejano a Carlos Gardel. Lo miró y escuchó. Al descubrirlo, captó las multifacéticas aristas del tango. En 1934 le bastó ser pibe para integrar el elenco de “El día que me quieras”. En 1939, con 18 años -de los de antes-, es llamado a la fila de fuelles de Aníbal Troilo.
Su genio contó con la mano de Pichuco, fuelle sensible y transmisor de las células madre de las mejores guardias del género.
En Ástor nada de lo humano le fue ajeno. En la música, nada le resultó extraño.
Creció para transformarse en un depositario fiel del legado de Eduardo Arolas. Enalteció los sonidos más bonitos de la prosapia arrabalera. Su instrumento le confirió corte clásico a la vibración perfumada de las orillas.
Por consecuencia, al evolucionar, impactó. Y revolucionó. Como pocos, pudo haber dicho ¡Fui, vine, vencí!
En 1944 se aleja de la orquesta de Aníbal Troilo y construye una agrupación propia.
En forma subterránea numerosos líricos estaban amasando un tango de refinamiento intrépido. Él era uno más en el final centelleante del alumbramiento. En ese núcleo sobresalían talentos. Osvaldo Pugliese, con su hoja de ruta impar; Horacio Salgán, sabio superviviente; Enrique Mario Francini, Emilio Balcarce, José Bragato, Osvaldo Tarantino… Cantantes y poetas (mujeres brillantes), compositores e instrumentistas. Una horneada impar.
Piazzolla, músico con todas las letras, en 1953 concursa y parte hacia Francia.
Al retorno, convulsiona con el “Octeto Buenos Aires”. Entusiasmo y perplejidad. Debate e intolerancia.
Sobre el escenario mayor Ástor Piazzolla con su bandoneón. Está rodeado por los cruzados de la primera selección: Enrique Mario Francini y Hugo Baralis, violines; Atilio Stampone, piano; los bandoneones de Roberto Pansera y Leopoldo Federico (reemplazante); Horacio Malvicino, guitarra eléctrica; José Bragatto, violoncello; Aldo Nicolini y Juan Vasallo (reemplazante), bajos.
Es de recordar el pleito cuando los vanguardistas pisan Montevideo. El Club de la Guardia Nueva era filopiazzoliano, con pocas excepciones.
La claridad no llegaba a la masa tanguera. Existía una confusión pesimista. Algo así como si un ateo flotara casi perdido en la tormenta (evoco una pieza con letra resistente), con un chaleco de agnóstico… Sonaba a herejía abdicar del pasado. Más, era difícil rehuir al desafío. Por ahí me ubicaba yo.
La tendencia predisponía a muchos a apreciar como antitético, lo que no lo era.
Podía percibirse que algo de lo más reciente chirriaba con lo viejo, rutinario y escasamente bello; sin embargo, no era admisible despojarse de los aromas vitales del gardelismo, ni de los compases viriles, enérgicos o románticos que iban y venían, entrelazados por los Canaro, Biaggi, Laurentz, Lomutto, De Caro, Firpo, De Ángelis, Fresedo, Di Sarli, lo que concluía en la obra integral de Troilo y con el embrujo de Don Osvaldo marcando la gloriosa “Yumba”.
En la margen oriental, Pichuco ofició, en rigor, como el primer introductor de Piazzolla: “Triunfal”, “Lo que vendrá”, “Prepárense”… ¡Eran himnos precursores!
El argentino Dr. Luis A. Sierra -analista musicológico y visitante asiduo del club modernista liderado por Horacio Arturo Ferrer-, sostenía que había sido una “engorrosa aventura de adivinación” saber cuál era la orientación del trabajo del hijo de Nonino. Se apoyó en una concluyente afirmación de Piazzolla: “…Si bien no es tango, traduce el espíritu de la ciudad porteña de nuestro tiempo”.
Surgía una transfiguración de antiguos sentimientos, ahora sobrevolando y picoteando la urbe reductora del hombre.
La discusión tuvo mucho de precipitada, pasional y bizantina. Obvio, ya está sepultada: la sensibilidad agudiza los oídos y estos precisan del conocimiento musical.
Ástor Piazzolla, amistoso con los uruguayos, disfrutaba de los silencios costeros y del mar calmo; bravucón en la punta esteña.
En Maldonado se confesó y opinó. Creatividad: “Estoy comenzando una nueva etapa”. Exploración del instrumento: “Después de tanto tiempo he descubierto en el bandoneón nuevas posibilidades”. Jóvenes: “No saben cuando escuchan conjuntos como los Beatles, los Rolling Stones o Pink Floyd, que todos ellos han estudiado música”.
El hombre del Octeto devino a la forma Quinteto, la de su preferencia. Su carrera conoció cruces con personajes como Hermeto Pascoal, Gary Burton, Gerry Mulligan. Su consola era visitada por Brahms, Mozart, Schumann, Bartok, Ravel, Nono, Stockhausen y, preferentemente, por Stravinsky.
Con Ástor Piazzolla la música que bailaron mujeres vestidas de percal se trasmuta. Su armonía tangófila renueva emociones e predispone al éxtasis. Se hace acerada, a veces. Es, siempre, penetrante y hermosa. Como mujer envuelta en los giros del percal.-




martes, 3 de agosto de 2010

MÚSICA DEL CLUB DE LA GUARDIA NUEVA

Escribe Walter Ernesto Celina
waltercelina1@hotmail.com
– 02.08.2010

Boris Puga, un tanguero sistemático y explorador consecuente de la obra gardeliana, es un testigo fidedigno de una hermosa historia: la del Club de la Guardia Nueva.
Para la presentación de un CD del sello Ayuí, con la colaboración de la Intendencia Municipal de Montevideo, en que son recordadas cuatro formaciones musicales, el estudioso sintetizó la trayectoria de la recordada entidad.
De modo preliminar, cabe decir que las ejecuciones instrumentales corresponden a las agrupaciones de César Zagnoli (trío), Manolo Guardia (quinteto), Luis Pasquet (cuarteto) y Toto D’Amario (cuarteto).
En homenaje a la silenciosa y relevante labor de Boris Puga, tomo pasajes y conceptos de su informe. Forman parte de un capítulo que hace a los brillos musicales de un Uruguay que hizo del tango un himno cautivador.

“Un 8 de mayo de 1954
-recuerda- se funda en Montevideo el Club de la Guardia Nueva, mítica agrupación que se autodefinió como “institución meramente cultural dedicada al estudio y difusión del buen tango”. Fue concebida por Horacio Ferrer, Jorge Seijo y Rodolfo Rodríguez Lourido, junto a una pléyade de entusiastas jóvenes y periodistas especializados. Y agrega: Durante veinte años desarrolló una fecunda labor de exposición y valoración del tango auténtico de todas las épocas. Primeramente, sesionó en el 4º piso del diario “El País”, luego en la fonoplatea de CX 44 Radio Solís y, finalmente, en su legendaria sede de Soriano 1584 (una puerta pintada en naranja y otra en negro).”
Cuenta Puga que, entre diversas actividades, el Club dispuso de un sello discográfico propio, en el que registraron sus versiones agrupamientos locales.
Distinguidos compositores dedicaron obras a la institución de puertas negri-anaranjadas. “A la Guardia Nueva”, Aníbal Troilo; “Marrón y azul”, Ástor Piazzolla; “Yunquitango”, Héctor Stamponi; “Muchachada de ley”, Julio De Caro; “Profundo”, Juan M. Rodríguez; “A sugerencia del Club”, Luis Di Matteo; “Tangueando”, Oldimar Cáceres; “Muy de los muchachos”, Mario Colucci.

Una impresionante nómina de personalidades tangueras fueron recibidas con brazos abiertos en la entidad. Sin agotar la lista, Boris Puga cita a: Julio De Caro, Aníbal Troilo, Osvaldo Pugliese, Horacio Salgán, Ástor Piazzolla, Osvaldo y Emilio Fresedo, José Márquez, Lucio Demare, Carlos García, Máximo Mori, Edmundo Rivero, Roberto Goyeneche, Alberto Marino, Raúl Berón, Elvino Vardaro, Héctor Stamponi, Leopoldo Federico, Ernesto Baffa, Enrique Mario Francini, José Bragato, Juan Vasallo, Atilio Stampone, Florindo Sassone, Emilio Brameri, Alfredo de Franco, Ismael Spiltalnik, Horacio Malvicino, Juan M. (Toto) Rodríguez, Armando Blasco, Alberto Suárez Villanueva, José Ranieri, Virginia Luque, Ángel Díaz, Roberto Pérez Prechi, Juan Carlos Lamadrid, Julio Huasi, Eduardo Adrián, Héctor Alvarado, Rodolfo Schiamarella.
Del medio nacional, añade a Zagnoli, Cáceres, Puglia, Pedroza, D’Amario, Cuenca, Di Matteo, Guardia, Pasquet, Carlevaro, Colucci, Martínez, de Lapuente, Lamarque Pons, Peppe, Casco, Silveira, Oberlín, Ríos, Fleitas, Nelson, de León, Maira, Mastra, Silva, Avlis, Luces, Yanelli.

Muchos de los arriba mencionados, rememora Puga, participaron en recitales auspiciados por el Club en diversas salas públicas de Montevideo.
El CD de Ayuí-IMM, de manera impecable, registra versiones antológicas de excelentes músicos uruguayos.

Trío de César Zagnoli, con el maestro al piano y arreglos propios, se integra con Raúl Jaurena (bandoneón) y Eduardo Trinchitella (contrabajo). Realiza: Crónica de tango, Verano porteño, La mariposa, Nochero soy y Orlando Goñi.
Quinteto de la Guardia Nueva, de Manuel (Manolo) Guardia, (piano y arreglos), Ariel Martínez (bandoneón), Sergio Furas (violín), Edunio Gelpi (guitarra eléctrica) y Roberto Capobianco (contrabajo). Temas: El monito, Sur, Prepárense, Tango del este, Sortilegio y Debussy.
Cuarteto de Luis Pasquet, con Pasquet (piano y arreglos), Juan Carlos Figares (violín), Víctor Addiego (chelo) y Néstor Casco (contrabajo). Piezas: Qué noche, Niebla del Riachuelo, La cachila, Loca bohemia, Rojo vivo, Rojo rosa y Rojo fuego.
Cuarteto de Toto -Edelmiro- D’Amario, (bandoneón y arreglos), Darwin Viscoso (piano), Sergio Furas (violín) y Solano Fernández (contrabajo). Interpretaciones: Tierra querida, Señor tango, Gallo ciego, Melancólico y Boedo.
Un aporte de calidad, por donde se lo examine.


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IMPACTO DEL HABLA NEGRA SOBRE EL ESPAÑOL

Escribe Walter Ernesto Celina

Un concurso promovido por la Academia Nacional de Letras sobre Contacto del español con lenguas africanas en el Río de la Plata ha dado mérito a la publicación del premio obtenido por la investigadora Magdalena Coll.
Montevideana, nacida en 1968, es licenciada en lingüística de la Universidad Pública (UDELAR). Cuenta, asimismo, con un doctorado en lengua hispánica de la Universidad del Sur de California, Berkeley.
Uno de los efectos de la dominación española fue la imposición sobre la matriz preexistente de sus formas oral y escrita de comunicación. El choque producido por el conquistador afectó severamente e inhibió la cultura indígena.
Desde una posición prevalerte no pudo, sin embargo, evitar el impacto que sobre el castellano ejercieran el idioma lusitano y las distintas modalidades del habla negra, importadas bajo el régimen de la esclavitud.
Los efectos de las interacciones resultantes llevaron a la Academia Nacional de Letras a promover indagaciones en un capítulo casi desconocido, referido a las incrustaciones del habla de las naciones negras sobre el español rioplatense.

Al abordar su estudio, la autora hace justicia al instituto respectivo de la Facultad de Humanidades y Ciencias (UDELAR), cuyos estudiosos abrieron -hace unos 10 años- un capítulo virgen, sólo abonado por piezas exhumadas por historiadores.
Casi a modo de presentación del objeto propuesto a estudio, en su primera página, Magdalena Coll toma una cita de Daniel Gastón Schávelzon (1958, arquitecto, arqueólogo y antropólogo argentino) quien ha dicho: “Por qué nada ha quedado de esa población negra y de su cultura material, evaporadas como por un sortilegio misterioso e inexplicable? Y lo que casi nadie se pregunta es por qué nuestro lenguaje -hoy, en el siglo XXI- está plagado de términos africanos”, brindando una larga lista al respecto.

Tomo, casi textualmente, algunas de sus referencias: La mujer es una mina (grupo étnico africano); la música popular urbana es el tango (de tangó, que es bailar, en el Congo); los zapatos aún para algunos son los tamangos; nuestro servicio doméstico es la mucama (grupo étnico africano); comemos puré de zapallo (ya Mansilla decía que era comida de esclavos); el estómago de la vaca es el mondongo (grupo étnico africano Kumbundu); comemos sandía (traída del África para los esclavos del siglo XVII y achuras (se les daba a los perros y las aprovechaban los esclavos); a los niños se les canta el arrorró en la cuna; el quilombo es un vocablo que en toda América señala los asentamientos de cimarrones (afros huidos al monte) y, de allí, su asociación con ruido y pérdida de ataduras sociales.
El jurado selector del trabajo destaca que la obra de Coll es un cuidadoso relevo e interpretación de fuentes y bibliografía y un análisis de formas lingüísticas. Anota que el camino iniciado precisa de más esfuerzos de búsqueda, sistematización e interpretación.
Se recuerda en el prólogo por un integrante del tribunal que las hablas de nuestros indígenas dejaron de tener presencia en las primeras décadas del siglo XIX en grupos sociales. Sólo subsistían hablantes aislados “obligados además a no usar su lengua para conseguir mejor comunicación con el poblador criollo”, lo que motivó su dilución rápida, hasta desaparecer.
Al capítulo de Introducción la investigadora agrega uno de ubicación de La esclavitud en la sociedad oriental, con datos demográficos, etnolingüísticos y legales. Le sigue otro muy importante sobre Las lenguas de los africanos y sus descendientes en el Río de la Plata. Le continúan Las fuentes; Antología de textos; Análisis lingüístico de los textos seleccionados, así como anexos de importancia.

El título “El habla de los esclavos africanos y sus descendientes en Montevideo en los siglos XVIII y XIX: representación y realidad” supone un plausible esfuerzo de la Academia Nacional de Letras, acompañada por el sello Banda Oriental.
La tapa reproduce el óleo Las negras, de Alfredo de Simone. La cuidada composición gráfica de Tradinco suma 160 páginas.-
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sábado, 10 de julio de 2010

PRIMER CURSO BIOGRÁFICO SOBRE CARLOS GARDEL

Escribe Walter Ernesto Celina
waltercelina1@hotmail.com – 28.06.2010

PRIMER CURSO BIOGRÁFICO SOBRE CARLOS GARDEL

Los tangófilos estarán de parabienes. En los días venideros será dictado en Buenos Aires el primer curso biográfico sobre Carlos Gardel, en modalidad intensiva.
El mismo será impartido por la infatigable investigadora argentina Sra. Martina Iñiguez quien, como es sabido, ha desarrollado y ampliado las tesis del periodista Erasmo Silva Cabrera, del Prof. Arq. Nelson Bayardo y del Dr. Eduardo Paysée González, referentes al Carlos Gardel uruguayo.

Fecha: Sábado 17 de Julio, 2010.

Horario: de 10:00 a 18:00 hs.

Lugar: Tacuarí 237 – Piso 1º “16”

San Telmo. Ciudad de Buenos Aires, Argentina.

El evento reviste la modalidad presencial, aunque la grey gardeliana lo podrá seguir desde cualquier parte, vía Internet.

Los interesados pueden obtener informes ampliatorios y registrarse sirviéndose de los contactos siguientes:

www.artes37.com.ar * info@artes37.com.ar
011-816-3513 * 011-15-3278-4079

El programa se ajusta a los detalles siguientes:

Módulo 1: 1882 - 1893

Dos versiones de su origen Toulouse y Tacuarembó – Los Gardes y los Escayola Publicaciones anteriores y posteriores a su muerte – La edad de Gardel – Falsos testimonios, fantasías, ocultamientos

Módulo 2: 1893 – 1911

Fotografías de infancia - escolaridad El prontuario de 1904 La documentación oficial de Carlos Gardel

Módulo 3: 1911-2010

La tragedia de Medellín - El testamento ológrafo La polémica – ADN Cronología Conclusiones y debate.

NOVEDADES TANGUERAS



Escribe Walter Ernesto Celina
waltercelina1@hotmail.com – 28.06.2010

CAMINOS DEL LUNFARDO

El número correspondiente al mes de junio de Ciberlunfa, mensuario de la Academia Porteña del Lunfardo, da cuenta de la aparición de una nueva obra del eminente estudioso José Gobello, relativa a esta forma dialectal tan porteña, como extendida por los ámbitos del Plata.
Se trata del título “Poesía Lunfarda. Del Burdel al Parnaso”, una antología presentada por Ediciones Corregidor, de Buenos Aires.

Resultan particularmente interesantes pasajes de los comentarios críticos de dos expertos analistas, quienes indican los méritos de la obra del lunfardólogo.
Roberto Selles anota la claridad con que Gobello incursiona en el campo de una letrística tan singular, cuando se pregunta “¿Cómo llamar a esta poesía que anda por los arrabales de esta ciudad, que se asoma al centro y hace cola para ingresar en los ámbitos de la gran cultura?”
Agrega el comentarista: “Entre los muchos méritos de la compilación, cabe destacar la profesionalidad de Gobello, que no ha sabido obviar a autores –vivos o muertos– con quienes discrepa o hasta con los que ha cortado relaciones…”

“La segunda mitad del libro comprende a poetas contemporáneos, con lo cual da don José una incontestable muestra que el lunfardo –como él mismo suele decir– “está vivito y coleando”.
No sólo eso. Se prueba también que este tipo de poesía ha evolucionado (el largo camino desde el burdel al Parnaso), y lo ha hecho gracias a que, un día, el gran Julián Centeya –dueño de un mayor bagaje cultural que quienes lo precedieron– hizo que esa poesía fuera de avanzada, o de vanguardia, si se prefiere. Y tras él pudo surgir una pléyade de evolucionistas –no tan extensa como uno quisiera– que también se atrevió a llevar al lunfa los conocimientos abrevados en la fuente de la poesía internacional y de las nuevas escuelas…”
Por su parte, Otilia Da Veiga, comenta: “Obra metódica que invita sabiamente a transitar el itinerario recorrido por los versos lunfardos, desde aquella primera y anónima cuarteta rescatada por Benigno Baldomero Lugones: “Estando en el bolín polizando / se presentó el mayorengo: / A portarlo en cana vengo, / su mina lo ha delatado”.
“Tal como los de Arana, Cepeda o Luis Blasco, aquellos versos se escribían con la tinta sangre de los entornos marginales, en esa aldea que debía ser la Buenos Aires de fines de 1800. Lenguaje del suburbio junto al deslinde del campo, giros gauchescos entreverados con las lenguas de la inmigración, caldo de cultivo del cocoliche que dio nacimiento al sainete de Vacarezza o al entremés de José González Castillo.
Panorama de situaciones diferentes desarrollado en perfecta cronología; exposiciones tal vez, antes que denuncia, del malestar, de la carencia, del abandono y de las tristezas del desarraigo que supieron hacer lugar aun al humor y al grotesco, según lo van contando Ivo Pelay, Cadícamo, Carlos de la Púa, Iván Diez, Dante A. Linyera y, más adelante en el tiempo, Joaquín Gómez Bas y Julián Centeya”.
Y acopla más nombres: Roberto Selles, Luis Alposta, Roberto Santoro, Ricardo Ostuni, Héctor Negro, Orlando Mario Punzi.
Subraya, después: “¡Y qué decir de las mujeres! Que, al reconocerlo como un vocabulario válido para expresar con hondura cualquier sentimiento, se atreven en el tiempo a emplearlo con la solvencia literaria que demuestran los versos de Nyda Cuniberti, Martina Iñíguez, Eva Falótico Gandolfi, Isabel Puncel de Dumery, Judith Gómez Bas o Elsa Baroni de Barreneche.”
Como puede advertirse, esto tiene que ver con el patrimonio histórico que se cultiva y se bebe con el tango, para plasmarse como una manifestación cultural muy nuestra.-
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martes, 1 de junio de 2010

PULSACIONES TANGUERAS

UN DANZARÍN PARA “LA MOROCHA”
Nota 2

Escribe Walter Ernesto Celina

waltercelina1@hotmail.com – 24.05.2010

La morocha es una emblemática pieza tanguera de la Guardia Vieja. Su autor musical es el uruguayo Enrique Saborido. La letra corresponde al porteño Ángel Villoldo.
Data de 1905, apenas precedido en 1903 por El porteñito, del mismo Villoldo (aunque se conjetura que su letra pudiera haber sido escrita por su divulgador Alfredo Eusebio Gobbi).
Tempranamente, París los llevó a cruzar el Atlántico.
Ateniéndonos a uno de sus versos, digamos ahora algo sobre esta morocha “de mirar ardiente”.

En torno a su nacimiento, enseña el sapiente José Gobello en sus biografías:

La historia de La Morocha ha sido muchas veces contada, con detalles diferentes que no comprometen la veracidad general. La cosa fue en la Navidad de 1905, en el Bar Ronchetti (de Reconquista y Lavalle), apeadero de niños bien, donde era familiar la bella figura de la tonadillera uruguaya Lola Candales.
Habría sido esta dama quien estrenó La Morocha, después que Ángel Villoldo pusiera versos cupleteros (aunque inspirados en un poema de Orosmán Moratorio) a la melodía de Saborido. Luego, Flora Rodríguez de Gobbi incluyó la pieza en su repertorio e, igual cosa hizo otra tonadillera de aquellos años, Lola Menbrives, que devendría una de las actrices más importantes de la lengua española.

Sobre nuestro compatriota Saborido, anota Gobello en un pasaje: Hizo una carrera un poco distinta a la de otros creadores del tango. Por lo pronto, fue bailarín y profesor de baile, con academia propia, de modo que cuando el tango dominó París, hacia 1910, el joven pianista se contó entre los primeros docentes que abrieron academia… (Mujeres y hombres que hicieron el tango. Librerías Libertador. Bs. As. 2002).

El compositor Pintín Castellanos, en obra citada en nota anterior, sostiene que el tango de Enrique Saborido fue la verdadera semilla de nuestra danza en Europa, así como por ser él un experto bailarín, con cortes y quebradas. Agrega que, a la vez, desenmascaraba a muchos “profesores” que a la postre resultaban rioplatenses del Volga, del Hudson, de Venecia, o del Sena.

Las clases altas quisieron, también, conocer las destrezas coreográficas del músico y danzarín uruguayo.
Castellanos acota que, en más de una ocasión, el autor de La Morocha tuvo el placer y el honor de bailar el tango frente a soberanos. Parte inseparable de la historia que Carlos Gardel y otros entrañables artistas populares repitieran, sin vallas ni fronteras.
Con fuerza, un siglo después, hay mujeres que, como la de la canción, le cantan con dulce emoción al pampero, a la patria amada y al fiel amor.
Para las horas de su mejor regocijo, ellas reciben el abrazo milonguero de Enrique Saborido.



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PULSACIONES TANGUERAS

¡EN PARÍS, HACE UN SIGLO!
Nota 1

Escribe Walter Ernesto Celina
waltercelina1@hotmail.com – 22.05.2010

En una cita con que el Maestro José Gobello ilustra el tango ¡Araca, París!, de los uruguayos Carlos César Lenzi y Ramón Loro Collazo, se destaca el furor que, hacia 1912, despertaba nuestra música en la Ciudad Luz.
La columna Tangoville, aparecida en L’Ilustration (París 16.08.1913), indica: Se ha instalado como dueña de todos los salones de la buena danza. Agrega luego: Ha conquistado nuestra lengua, que le abrió de inmediato los tesoros de su gramática. “Voulez-vous tanger? (¿Bailas?; ¿Quieres bailar?; ¿Tangueamos?; ¿Quieres bailar tango?, traducción W.E.C.)”, se interrogaba del modo más natural en los bailes… (Todo Tango. Pág. 44. Ed. 2009. Bs.As.).

El querido Pintín Castellanos -con quien tuve el honor de compartir diálogos en amables tertulias-, autor de la milonga La puñalada, inmortalizada por el director orquestal Juan D`Arienzo, recordaba aquel momento histórico del tango.
En su libro evocativo Entre cortes y quebradas, en el comentario La locura del tango en París, asegura que los lugares, modas, expresiones y, hasta la manera de caminar de muchas parisienses, mostraban claramente la influencia del tango.
En 1914 un periodista argentino, que desde la capital francesa regresa a su tierra, da cuenta de las repercusiones del tango. Este es un fragmento del relato aportado por Pintín:
Habíamos estado en la Avenida de las Acacias, cuyas aceras estaban concurridas, cuando mi compañero me llamó la atención, hacia una mujer joven, hermosa, con un traje que le envolvía las piernas como exiguo chiripá. Después de observarla un instante, mi amigo y yo miramos asombrados: ¡No había duda! Aquella apuesta muchacha imitaba el paso, medio en puntas de pie, con el encogimiento de hombros y en su enpaque y su andar, los modos característicos de nuestra plebe orillera.

Surgirían en este instante cenital los vestidos tangó, los bares tangó, los restaurantes tangó. ¡La locura!, exclama el pianista montevideano. (Pág. 64 y sgtes. Ed. 1948. MVD)

Como el más dulce puñal, el tango embriagaba la sensibilidad francesa y diseminaba en Europa el embrujo de la música, la danza y el canto rioplatense.
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domingo, 18 de abril de 2010

GOBELEANDO 2010-04-15

MEMORABLE BALADA TANGUERA
Nota 5
Escribe Walter Ernesto Celina
waltercelina1@hotmail.com – 16.04.2010

Sobre la década de los años 50 del siglo pasado el tango experimentó el sacudimiento que le impuso Astor Piazzolla. El virtuuso músico argentino había contactado muy temprano con Carlos Gardel, siendo el pibe en una escena de El día que me quieras.
Recuerda José Gobello, en Todo Tango, algunos momentos gravitantes de su formación y aquellos nucleamientos orquestales que levantaran resistencias y aplausos: el Octeto Buenos Aires y, después, el Quinteto. Cita nombres señeros de músicos integrados a la corriente renovadora: Enrique Francini, Roberto Panssera, Horacio Malvicino, Atilio Stampone, Antonio Agri, Oscar López Ruíz y el inolvidable Cacho Tirao.

Suministrando datos, a propósito del tema Balada para un loco, sintetiza: "Es a partir de 1969, luego del estreno de la operita María de Buenos Aires, con textos de Horacio Ferrer, que comienza a recorrer el camino del reconocimiento popular, a través de su mayor éxito ligado al tango: Balada para un loco.”

En nota aparte ingresaré a consideraciones más amplias sobre el gran músico marplatense.
En esta instancia recordaré al uruguayo Ferrer, su amigo entrañable, con quien trabajara en la simbiosis autoral.

En una nochecita primaveral, creo que en 1957, los mercedarios Enrique Pedro Haba Müller, Mario Prunell Celina y yo abrimos la puerta roji-negra de una de las últimas casas de la calle Soriano, en Montevideo, y descendimos a un amplio sótano, fresco y medianamente iluminado.
Con nerviosismo Horacio Arturo Ferrer y otros amigos del Club de la Guardia Nueva acondicionaban los bancos en aquella cueva y testeaban las conexiones de los equipos de audio. Iba a comenzar una de las habituales audiciones sabatinas de música de tango.
En los intermedios se dialogaba en grupos. La unanimidad estaba sobreentendida en Gardel. De Caro, Troilo, Pugliese sumaban prestigios. Allí lucía el partido de los admiradores incondicionales de Piazzolla y Salgán. Vardaro acumulaba votos y no faltaban las menciones a los últimos contactos con el Dr. Luis Sierra, cónsul de la entidad en Buenos Aires.
Ferrer oficiaba como secretario y a la vez, dirigía la revista Tangueando, con importantes artículos de la cultura musical rioplatense. Con el pseudónimo de Horacus, trazaba los perfiles caricaturescos de músicos pioneros. Este estudiante de arquitectura, nacido en Montevideo en 1933, gozaba de la compañía, entre otros, de mi estimado amigo Jaime Bareika (entonces estudiante de medicina e integrante de la FEUU), del entrañable tangólogo Boris Puga, del músico Nicolás Pepe, de los arquitectos Jorge Seijo y Carlos Vallarino, del pintor Mario Arroyo, del periodista Horacio Loriente.
Pese a estas vivencias, mi amistad fue con el poeta y periodista Eduardo Ferrer, hermano de Horacio.
Por entonces, Horacio Ferrer hacía por hizo periodismo tangófilo y, en alas de esta inspiración, comenzó a construir letras, abrazándose con pasión a la generosa Buenos Aires, tan porteña y oriental.

De 1969 data esta hermosa página, a la que Astor le puso su refinada música:

BALADA PARA UN LOCO

(Recitado)
Las tardecitas de Buenos Aires tienen ese qué sé yo, ¿viste? Salís de tu casa, por Arenales. Lo de siempre: en la calle y en vos…
Cuando, de repente, de atrás de un árbol, me aparezco yo. ¡Te reís…! Pero sólo vos me ves: porque los maniquíes me guiñan; los semáforos me dan tres luces celestes, y las naranjas del frutero de la esquina me tiran azahares. ¡Vení!, que así, medio bailando y medio volando, me saco el melón para saludarte, te regalo una banderita, y te digo…

(Cantado)
Ya sé que estoy piantao, piantao, piantao…
No ves que va la luna rodando por Callao;
que un corso de astronautas y niños, con un vals,
me baila alrededor…¡Bailá! ¡Vení! ¡Volá!

Ya sé que estoy piantao, piantao, piantao…
Yo miro a Buenos Aires del nido de un gorrión;
y a vos te vi tan triste… ¡Vení! ¡Volá! ¡Sentí!...
el loco berretín que tengo para vos:

¡Loco! ¡Loco! ¡Loco!
Cuando anochezca en tu porteña soledad,
por la ribera de tu sábana vendré
con un poema y un trombón
a develarte el corazón.

¡Loco! ¡Loco! ¡Loco!
Como un acróbata demente saltaré,
sobre el abismo de tu escote hasta sentir
que enloquecí tu corazón de libertad…
¡Ya vas a ver!

(Recitado)
Salgamos a volar, querida mía;
subite a mi ilusión supersport,
y vamos a correr por las cornisas
¡con una golondrina en el motor!
De Vieytes nos aplauden: ¡”Viva! ¡Viva!”,
los locos que inventaron el Amor;
y un ángel y un soldado y una niña
nos dan un valsecito bailador.
Nos sale a saludar la gente linda…
Y loco -pero tuyo-, ¡qué se yo!:
provoco campanarios con la risa,
y al fin, te miro, y canto a media voz:

(Cantado)
Quereme así, piantao, piantao, piantao…
trepate a esta ternura de locos que hay en mí,
ponete esta peluca de alondras, ¡y volá!
¡Volá conmigo ya! ¡Vení!, volá, vení!

Quereme así, piantao, piantao, piantao…
Abrite los amores que vamos intentar
la mágica locura total de revivir…
¡Vení, volá, vení! ¡Tra-lai-la-larará!

(Gritado)
¡Viva! ¡Viva! ¡Viva!
¡Loca ella y loco yo…
¡Locos! ¡Locos! ¡Locos!
¡Loca ella y loco yo!

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domingo, 11 de abril de 2010

GOBELEANDO 2010

URUGUAYOS EN EL ITINERARIO BS.AS.-PARÍS
NOTA 4
Escribe Walter Ernesto Celina

waltercelina1@hotmail.com – 18.03.2010
Ramón Collazo
Ciertos aspectos de la cultura rioplatense muestran la intensa mancomunidad que las ha signado, por encima de divisiones político-institucionales.
Como no podía ser de otra manera, ello se manifiesta en expresiones de firme acento popular.
Si de música se trata, no puede soslayarse el aporte uruguayo al enraizamiento del tango.
A poco que se aprecie el texto de ¡Araca, París!, escrito en 1930 e inmortalizado por la voz de Carlos Gardel, nadie sospecharía que su intensa ambientación porteña tiene origen en fuente uruguaya, tanto en letra como en música.

El maestro José Gobello lo incluye en el libro de letras y antecedentes que vengo comentando, con citas de interés.
Sobre sus autores, sintetiza: Letra de Carlos César Lenzi, comediógrafo y diplomático uruguayo; música de Ramón (El loro) Collazo. Carlos Gardel lo grabó el 4 de noviembre de 1930.
Efectivamente, ambos fueron importantes referentes del espectáculo.
Lenzi, en 1925, había creado con el destacado músico compatriota Edgardo Donato, A media luz, composición que recorrió el mundo, cuyos sugerentes versos permanecen en la memoria colectiva (¡Qué suave terciopelo, la media luz de amor!).
Sus prolíficos antecedentes lo vinculan al cenáculo Tabaré, con Fernán Silva Valdés, Yamandú Rodríguez y Julio B. Mendilaharsu. La revista y el teatro lo contaron entre los suyos, con otro montevideano, Ángel Curotto. Luis Cluzeau Mortet musicalizó su composición lírica La copa de los montes. El ascético Miguel de Unamuno ponderó sus Poemas. Traducido al francés, recogió la crítica elogiosa de Jean Cassou. Amigo de Gardel, aparece con él en una foto tomada en Niza.
Ramón Collazo fue una figura central del carnaval uruguayo a partir de 1920, en el que se proyectó con la famosa Trouppe Ateniense, de la que surgiera la Oxford. El tango Adiós mi barrio, de su autoría (Viejo barrio que te vas, te doy mi último adiós…), fue grabado con esta agrupación, recordada por su contrapunto con Un real al 69, inspirada por Salvador Granata, cuyos tenores dejaran memorables recuerdos.
Collazo tenía una excelente formación musical, adquirida en el Instituto Verdi. Formó su orquesta en Buenos Aires, grabando para Odeón. Uno de los primeros filmes nacionales, Soltero soy feliz, lo tuvo como autor musical y actor.
En su homenaje, el Teatro de Verano del Parque Rodó, en Montevideo, ágora de las carnestolendas, lleva su nombre. Había inspirado, también, a conjuntos no olvidados como Parodistas de chocolate y Momento musical.
Recuerda Gobello la popularidad que el tango había adquirido en París hacia 1912. Trae a colación una nota de L’Ilustrattion, de agosto de 1913.
Extraigo estas líneas de la cita gobeleana: “Al mismo tiempo que se ha instalado como dueño de todos los salones de la buena danza, ha conquistado nuestra lengua, que le abrió de inmediato los tesoros de su gramática: “¿Voulez vous tanger?” (¿Quiere/s tanguear?; los rioplatenses decíamos: ¿Baila?, ¿Bailamos? Y, ahora, al tutear ¿Bailás? WEC), se interrogaba del modo más natural del mundo en los bailes de invierno y de la primavera…”

Otra gragea, más acá en el tiempo, Gobello la ubica a mediados de 1922, en un comentario que en La Razón efectúa Enrique Gómez Carrillo, a propósito de los calificativos manejados por La Revue Mondiale ante la entrada triunfal de nuestra música en la Ciudad Luz: “…baile de salvajes y de negros, sin gracia, inmoral, corruptor, peligroso.”

En ¡Araca, París!, tan nuestro por uruguayo y por porteño, el gigoló, retorna a su lugar de origen, tras su aventura picaresca, trocando su ilusión por un ¡Salute, París!

¡ARACA, PARÍS!
Piantá de Puente Alsina para Montmartre/ que todos me batían pa’ m’engrupir./ Tenés la pinta criolla p’acomodarte/ con la franchuta vieja que va al dancing./ ¿Qué hacés en Buenos Aires?
¡No seas otario!/ Amurá esas milongas del Tabarís./ Con tres cortes de tango sos millonario…/ ¿Morocho y argentino? ¡Rey de París!
¡Araca, París!/ ¡Salute, París!
Rajá de Montmartre,/ piantate, infeliz./ Si vas a París/ no vas a morfar./ No hay minas otarias/ y hay que laburar./ Volvete p’al barrio y tendrás milongas,/ milongas diqueras/ que saben amar.
¡Araca, París!/ ¡Salute, París!/
Rajá de Montmartre;/ ¡piantate, infeliz!
Agarré tren de lujo, loco ‘e contento,/ -Bon soir, petit. Je t’aime, tu es mon cocó-/ con una gorda tuerta con mucho vento/ que no me dio ni medio y me amuró./ Tiré la bronca y guapo, pa’ darme corte,/ un tortazo en la ñata se le incrustó./ Comisaría, jueces y un pasaporte…/ Y terminó mi historia de gigoló.

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domingo, 7 de marzo de 2010

GOBELEANDO 2010

Nota 3
POESÍA DE TANGO

Escribe Walter Ernesto Celina
waltercelina1@hotmail.com
28.02.2010

Quedémonos aquí, es un poema de la música ciudadana rioplatense, que José Gobello recoge en Todo Tango.
Sus tres primeros versos nos introducen en un universo de amor presente, signado por la angustia y las ansias de vivir: Amor, la vida se nos va…/ quedémonos aquí…Ya es hora de llegar./ Amor, quedémonos aquí.

Consigna la nota del compilador argentino:
“En 1956, Libertad Lamarque, acompañada por la orquesta de Alfredo Malerba, dejó una bella versión de este tango, que lleva versos de Homero Expósito y música de Héctor Stamponi.”
Cabe recordar que la gran rosarina Libertad Lamarque es una figura destacadísima de la canción popular y de la escena. Principió en las tablas y, al culminar su carrera, era partícipe en casi una cincuentena de filmes musicales. Vivió más de 90 años. Coactuó con Hugo del Carril, Jorge Negrete y Palito Ortega, entre otros.
En 1931 ganó el apelativo de Reina del Tango, tras triunfar en un certamen característico de la época.
De madre gallega y padre uruguayo, adherido a ideas transformadoras, su nombre encuentra razón en la ruptura con el statu quo.
Libertad emigró de su tierra tras el ascenso al poder de Eva Duarte y Juan D. Perón. México y Puerto Rico la prohijaron.
En 1967 fue aclamada por sus admiradores en el Teatro Odeón, tras la caída de peronismo.
No fue una política. Sí, una artista de talento. Fiel a sus raíces, con un público no menos fiel. La herencia de su voz suscita permanente admiración.
Con el acompañamiento orquestal de Alfredo Malerba, su esposo, resaltó el brillo de la letra:

QUEDÉMONOS AQUÍ
Amor, la vida se nos va…/ Quedémonos aquí… Ya es hora de llegar./
Amor, quedémonos aquí./ ¿Por qué sin compasión rodar?/ Amor, la flor se ha vuelto a abrir/ y hay gusto a soledad, quedémonos aquí…/ Nuestro cansancio es un poema sin final/ que aquí podemos terminar.

Abre tu vida sin ventanas…/ Mira lo lindo que está el río…/ Se despierta la mañana y tengo ganas/ de juntarte un ramillete de rocío…/ ¡Basta de noches y de olvidos! ¡Basta de alcohol sin esperanzas!/ ¡Deja todo lo que ha sido/ desangrarse en ese ayer sin fe!

Tal vez, de tanto usar el gris, te ciegues con el sol, pero eso tiene fin…/ Después verás todo el color…/ Amor, quedémonos aquí./ Amor, asómate a la flor/ y entiende la verdad que llaman corazón./ Deja el pasado acobardado en el fangal,/ que aquí podemos empezar…


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